Cambiar el mundo

La romantización de la tristeza

Esto es algo que desde hace tiempo había rondado por mi mente, sin embargo, consideraba que tal vez era producto de mi sugestión o era muy atrevido afirmarlo, pero hoy me doy cuenta que en la realidad que nos encontramos si existe una romantización de la tristeza, llevando a optar por este camino, considerándolo como una vía confiable, segura, y “buena” para el hombre de hoy.

Hay muchos factores que contribuyen a que se llegue a esta realidad:

La comodidad de la tristeza

La comodidad que se experimenta al estar en mi “zona de tristeza” es algo muy atractivo, ya que uno se siente en una zona segura, que, aunque experimenta la tristeza, sabe que si se mantiene ahí nada extraordinario ocurrirá, y precisamente esto es lo atractivo: si me quedo aquí, nada cambiara, pero nada se le agregara, aparentemente, es un mecanismo que pudiera parecer efectivo, sin embargo, nos puede hundir más, y al convertirse esta zona en un “segundo hogar”, puede ser muy complejo salir de aquí después.

La multiplicidad de medios (canciones, películas, entre otros) que nos ofrecen este camino

No es difícil poder captar que grandes canciones de nuestra época moderna, películas que han roto records, figuras mundiales que se caracterizan por esto, una imagen y un contenido sentimentalista, inclinado a la tristeza en donde nos hacen sentir identificados, pero solo llega hasta ahí: no ofrecen un recurso, sino que generan este sentir y no lo llevan a buen término, a un lugar seguro, sano. No considero incorrecto que se materialice estos sentimientos del hombre en canciones, películas o en la esencia de la persona, sin embargo creo que se debe hacer de forma responsable, donde no se compense toda esta carga de tristeza, que puede llegar a ser muy peligrosa.

La incesante filosofía del “está bien estar triste”.

Y quisiera agregar que uno de los factores más notorios es esta validación que hacemos del experimentarnos tristes, aspecto que no está mal, pero que no se puede quedar ahí, hemos intentado empatizar tanto con estos momentos de tristeza que todos vivimos alguna vez, que no somos capaces de dar el paso a ir mas allá, a proponer que es lo debe de seguir después del estar triste, y aquí es donde volvemos al primer punto: al no llegar a estas propuestas, se romantiza la tristeza.

¿Qué podemos hacer ante esta realidad? Seguir el ejemplo de Jesucristo: romper con estos ciclos que nos encierran en nosotros mismos y en esta romanización tan peligrosa que desemboca en finales no muy gratos, finales, muchas veces, fatales, como lo es la aparición de padecimientos mentales, por los cuales nadie merece pasar. Jesucristo nos enseña que solos no podemos, que con la ayuda del Padre todo es posible. Dios se hace presente de formas que a veces no lo imaginamos, y nos invita a poder aprender a pedir ayuda, a romper con los parámetros dañinos en los cuales muchas veces nos vemos envueltos.

La simple personalidad de Jesucristo y su misión nos enseña que estar en una situación de tristeza y de desolación no es lo que Él quiere para nosotros, por el contrario, nos quiere sanos, completos y felices, pues en el mismo Evangelio, ante los enfermos, Él siempre tenía la intención de sanarlos, de verlos completos, felices, lo mismo con cada uno de los que acudieron a Él, enseñarles cómo es que se debe de vivir.

Como sociedad, y como jóvenes católicos, debemos aprender a ir mas allá, a no caer en estos ciclos viciosos que son muy adictivos y atractivos, pues más atractivo es estar bien, estar bien de verdad, mediante los medios que podamos encontrar, mediante el saber pedir ayuda a las personas correctas, a quienes realmente nos pueden ayudar, pero sobre todo sabiendo acudir a Dios.

Abraham Cañedo

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