Cambiar el mundo

Buscar a Dios para encontrarlo

Cuentan que, en la Guerra de Secesión estadounidense, en un momento extremadamente complejo del conflicto, uno de los asesores de Abraham Lincoln, lo interpeló dramáticamente, preguntándole si tenía la certeza de saber si Dios estaba de su lado.

La respuesta del presidente fue rotunda, aunque no sabemos si satisfizo la interrogación del angustiado asesor: “Mi preocupación no es si Dios está de nuestro lado. Mi mayor preocupación es estar del lado de Dios, porque Dios siempre tiene la razón”.

En unos tiempos convulsos como los que vivimos, donde parece que el demonio ha ido aprendiendo de los fracasos anteriores (no olvidemos a los primeros cristianos en el circo romano), la vivencia de la fe y la búsqueda de la Verdad se antoja cada vez más difícil, por lo menos, aparentemente.

Pero donde hubo el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5 20) y Dios no se deja ganar en generosidad. Buscad y hallaréis, pedid y se os dará. ¡Cuántas conversiones se producen cada día en el más absoluto anonimato! ¡Cuánto bien hacen esas almas sin conocimiento del mundo!

Quizá, aquellos que recibimos la fe a través de nuestra familia o de una formación católica no valoramos estas gracias, creyéndonos en el derecho de estas concesiones. Quizá, pensaremos erróneamente que Dios está de nuestro lado; incluso, pretenderemos atraerlo hacia nuestro lugar, olvidándonos de buscar a Dios para, de nuevo, buscarnos a nosotros mismos.

Si estamos en esta situación, es el momento de empezar de nuevo esa búsqueda incesante de Dios, pero esta vez, con el objetivo de encontrarlo de verdad. Buscarle para encontrarle y encontrarle para servirle.

¿Dónde puedo encontrar a Dios? La primera opción es fácil y no requiere de cita previa: cualquier iglesia, parroquia o capilla alberga un sagrario donde Dios está real y verdaderamente presente en la Eucaristía. La segunda opción tampoco entraña dificultades: en el silencio. Sí, puedo encontrar a Dios en el silencio, en la ausencia de ruido y de distracciones.

Podemos empezar nuestra búsqueda a partir de estas dos opciones y con toda seguridad, Dios que nos espera como el Padre paciente del hijo pródigo, nos irá mostrando el camino, para que, de veras seamos nosotros los que estemos de su lado.

Francisco Javier Domínguez López

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