Testimonios

«La única certeza que tengo es que Dios está conmigo». Erika Luna

Mi nombre es Erika, 30 años, Nicaragüense, resido en España desde hace casi 4 años.

Crecí en una familia católica, devotos de San José y de la Inmaculada (nuestra Patrona). Mi abuela paterna me enseñó a rezar desde muy pequeña, mi tía catequista me llevaba con ella cada domingo a la celebración de la Palabra, asistir a Misa era algo maravilloso porque el Sacerdote no siempre podía llegar hasta nuestra comunidad. En los primeros 15 años de mi vida Dios se encargó de ponerme a los mejores maestros, hombres que predicaban el evangelio y lo practicaron, Padre Carmelo (Italiano y por quien conocí al P. Pío) y mi padrino de Confirmación (mi tío Tomás).

La prueba de mi vida ha sido y sigue siendo la pérdida de mi familia, me empecé a preguntar ¿Dónde estaba Dios? ¿Porqué a mí? Estuve mal, el dolor me cegó y me hizo sentirme la niña más sola (tenía 16 años) recuerdo a una conocida de la Iglesia que me dijo, tenemos una Madre y un Padre que no nos abandona nunca. Me aferré a eso y lo sigo haciendo. Le pedí perdón a Dios por haber dudado y que si mi Fe estaba rota se encargará Él de restaurarla. He buscado la manera de estar cerca de su Amor, he compartido mi Fe donde he llegado. Estos últimos 4 años lejos de mi gente han sido duros, he perdido a 5 personas muy importantes, familia, es un dolor que, con todo y Fe, lo he pasado color hormiga pero me queda claro que Dios está aquí porque de no ser así no me explico como ni por qué sigo de pie. Porque creo en Él he aprendido a seguir y a dar gracias en TODO momento, le agradezco por qué a través de la Fe que ha cultivado en mí puedo ver que la muerte es solo ese paso hacia la Eternidad, ese viaje a la casa del Padre y que mis seres queridos estarán con Él. Sobrellevo esto entregándole el dolor y todo lo que me angustia para que lo transforme en aquello que mi alma necesita.

Dios en su infinito Amor y Misericordia me ha mantenido cerca de Él aún después de haber dudado y haberle reclamado. Veo un momento hacia atrás para preguntarme ¿Cuál es el propósito que tiene conmigo? Estoy aquí y de la mano de María seguiré hasta encontrarlo, mientras hago lo que me llena cuando tengo el tiempo. De Madre Teresa aprendí que siempre, siempre, tendré algo que aportarle al prójimo en nombre de Jesús. Estuve aquí en Madrid apoyando en el Hogar de las Hermanas Misioneras de la Caridad y allí me di cuenta que Dios me sonríe y me recuerda que aún cuando yo siento que no me queda nada, Él me dice que tengo mucho que darle todavía. Compartir con el hermano desde mi pequeñez es mi manera de agradecerle por los ángeles que ha puesto en este camino y las gracias recibidas.

Hoy, la única certeza que tengo es que Dios está conmigo. El camino no será fácil pero de su mano es posible. Mantengo la Fe de que si me quedo cerca todo irá bien y podré seguir aunque el camino esté oscuro.

Erika Luna

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