Entrevistas

Entrevistamos a la hermana Ana Salguero, Clarisa y pintora

Hoy tenemos la suerte en JC de entrevistar a la hermana Ana Salguero, monja Clarisa y pintora.

Ana, además de felicitarte por los maravillosos cuadros, lo primero es preguntarte ¿Cómo descubriste tú la vocación a la vida contemplativa?

Todo es un misterio como todo lo que envuelve las cosas de Dios. Nací en Montellano, un pueblo de la provincia de Sevilla, de familia cristiana y criada entre las faldas de las Hermanas de La Cruz, cuyo convento se sitúa enfrente de mi casa. Siempre he sido una chica como otras tantas, pero si he de reconocer que siempre me ha gustado el rezar, la profundidad de las cosas de Dios y fue sobre las 20 años, trabajando en la casa de Ancianos de las Hermanitas de los pobres y con una formación en el Grupo Juvenil de las Hermanas de la Cruz en Sevilla, cuando dentro de mi ser, se iba despertando la necesidad de ALGO GRANDE, no sabía nada, no sabía que me pasaba, solo que tenía una sed muy muy grande hacia las cosas de Dios y hacia todo lo que era servir a los demás. Tras un discernimiento, experiencias y sí, luchas internas sobre qué es lo que deseaba Dios de mí, sin más se me presenta en mi vida, en un momento crucial, esta fraternidad de Hermanas Clarisas, en un pueblo desconocido y donde fui descubriendo el valor fundamental de vivir solo, solo de CARA A DIOS.

Hoy la vida de las monjas contemplativas no está muy de moda ¿Por qué? Y ¿Cómo es el día de una monja Clarisa?

La vida contemplativa es una vida desde dentro, es una vida dirigida a dos corazones; el de Dios y el tuyo propio y desde ahí, ser canal de vida para todos los sedientos. La vida en clausura es la misión más importante de todas y la menos vista a la luz por ser una vida oculta entre ambos corazones… Es la raíz que sostiene todo para que otros den fruto, es la vida de oración que sin ella no funcionan los demás miembros. Vivimos en una sociedad donde necesitamos ver, palpar, donde si no hay misión a la hora de “hacer” es como si no hubiese nada, todo es extraño porque solo queremos ver a Dios si “hacemos”… Pero, ¿Vamos a verle en el encuentro? Eso es la vida contemplativa.

La vida de una monja contemplativa tiene la gracia de tantas otras, de vivir en una vida en orden, es decir, marcada por sus ritmos, por sus horarios, por su saber estar en el silencio y en la contemplación de Dios en el día a día… Para ello hay que levantarse tempranito para dar Gloria a Dios. Nuestra vida, por ello, se articula fundamentalmente en el encuentro con Dios, oración personal, oración litúrgica, encuentro fraterno, trabajo manual y testimonio.

Ana y ¿Cómo nació la afición a la pintura?

Desde pequeña me ha gustado escribir y pintar, pero jamás pensé llegar a pintar y sobre todo pintar en mi propio estilo de vida. Ha sido un descubrimiento maravilloso dentro del propio discernimiento de mi vocación y conocimiento propio de mi persona, un don de Dios maravilloso; pero si es importante recalcar, que mis primeros dibujillos fueron realizados en mis primeros Ejercicios Espirituales, de los cuales al ser los primeros, estaba más en el bolígrafo que en la meditación y allí fui descubriendo ambos deseos que se complementan, el de Dios y el de pintar.

Viendo tus cuadros se refleja una vida llena de luz ¿Qué hay detrás de tus pinceladas?

Siempre mi objetivo a la hora de pintar es dar Gloria a Dios, pintar porque detrás de cada pincelada hay vida, hay paz, hay silencio, hay encuentro con el propio creador de todo y para mi es importante que la persona que adquiera un cuadro para colaboración propia de mi comunidad encuentre alegría andaluza, pero sobre todo, la paz de Dios cuando lo mire.

Nos ha sorprendido que te hayas lanzado a Instagram ¿Está teniendo mucha repercusión tus cuadros en la red?

Sencillamente es el medio por el que la sociedad se está moviendo más. Nos tenemos que poner al unísono sin perder nuestra identidad, quienes somos, a donde vamos; y así me animaron y me anime a hacer esta cuenta. Desde aquí dentro es una pequeña ventanita al mundo donde de vez en cuando hay que asomarse para iluminar y compartir.

Muchísimas gracias Ana por haber podido dedicarnos tu tiempo. Sabemos que te acordaros mucho de cada uno de nosotros en tus oraciones y por eso ya estamos agradecidos.

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