La niña de sus ojos

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“Hazme oír lo que te gusto, que vea que me miras con pasión. Que soy la niña de tus ojos y que a nadie quieres tanto como a mí”.

¡Hola! Mi nombre es Mercè y tengo 20 años. Quiero explicaros cómo vivo la Fe y, aunque para muchos no tenga una vida apasionante, puedo aseguraros que para mí sí que lo es. Porque cuando estaba sola, triste, preocupada; Él me abrazó, me hizo compañía, me dio alegrías, me dio paz. Es por eso que no cambiaría NADA, porque ahora entiendo que todo tiene un por qué y un para qué.

Toda mi vida he recibido formación católica en el colegio, la familia, en un centro del Opus Dei… Pero un día mi Fe empezó a tambalearse y me derrumbaba fácilmente. Me acercaba, me alejaba, me acercaba otra vez, me volvía a alejar… No sabía qué hacer, me sentía fría y distante. Le suplicaba a Dios que me diera fuerzas para cargar con todas las dificultades, pero creía que Él no me escuchaba, que me había abandonado justo cuando más lo necesitaba.

Pero ahora soy consciente de que ÉL lo tiene todo planeado y que siempre está ahí, siguiendo nuestros pasos sin hacer ruido. Justo en ese momento apareció Effetá, así sin más. ¡Y QUÉ REGALAZO! Me habían dicho que este retiro “te cambiaba la vida” y, sin saber si creérmelo o no, allí me presenté. Estaba llena de miedo e incertidumbres, solo quería volver a mi casa; pero algo en mí decía CONFÍA Y DÉJATE QUERER. Dios había hecho todo lo posible para que yo estuviera allí -es por eso que no creo en las casualidades, sino en las Diosidades-, porque Él quería mostrarme que tiene cosas muy GRANDES pensadas para mí. Fue un ANTES y un DESPUÉS.

Doy gracias a Dios porque allí, delante del Sagrario, descubrí lo mucho que me quiere; porque yo soy la niña de sus ojos y, aunque cueste entenderlo, ha derramado hasta la última gota de su sangre por mí. Porque Él mismo me dijo: “no temas porque yo estoy contigo. Sé que estás cansada, pero confía, porque yo doy las peores batallas a mis soldados más valientes; yo sé lo que hago. Y cuando no puedas más, simplemente dímelo y entonces vendré y te daré el descanso”. Pensé: ¿qué he estado haciendo todo este tiempo? ¿Tan ciega estaba? ¿Cómo no voy a amar a alguien que me ama tanto?

Vi que la Fe no consiste en sentir sino en AMAR, porque el amor es la base de todo. Renovar cada día ese amor, ir a Misa entre semana, rezar el Rosario, hacer cada cosa como si no tuviera que hacer otra a continuación, intentar ver a Dios en las pequeñas cosas y en la gente que me rodea (familia, amigos, en aquel mendigo que espera en la puerta de la Iglesia para recibir un poco de caridad…). Todas estas cosas me ayudan a vivir la Fe.

Porque de nada me sirve empezar la casa por el tejado, querer hacer muchas cosas pero sin amor. Porque quiero construirla desde los cimientos, para que mi Fe pueda sostenerse y sé que no puedo hacerlo sin Dios. No es fácil. Sé que caeré y me levantaré mil veces más. Pero solo me queda confiar y abandonarme en sus brazos.

Os animo a que vayáis a Effetá, es una experiencia increíble, no quedaréis indiferentes. Al principio cuesta pero aunque no estéis seguros, aunque sintáis miedo… ¡ID Y CONFIAD! Conoced y dejaos conocer por Dios y por la gran familia que vais a formar.
Y que contagiemos la alegría de ser Hijos de Dios, que nos vean sonreír aunque cueste, que seamos necesariamente disfrutones. No va a ser fácil, pero (como dice un buen amigo) debemos tener en cuenta que jugamos en el equipo ganador.

“Respondió el Señor. Iré yo en persona y te daré el descanso” (Éxodo 33,14) ✞

Mercè Mòdol