Cambiar el mundo

Fe de niño

Cuando era pequeña y me estaba preparando para la Primera Comunión, recuerdo especialmente un día en el que nuestro catequista nos habló del momento en el que tomaríamos el Cuerpo de Cristo. Me acuerdo de que una de mis compañeras le preguntó “Rafa, ¿qué se hace después de comulgar?” A lo que él respondió con una sonrisa “Estar con Jesús. Mirad, mientras volvéis a vuestro sitio y esperáis a que todos terminen de comulgar tenéis que aprovechar ese ratito porque es muy especial. Son 7 minutos de Él”. Imagino que, lógicamente, pondría un tiempo aproximado, y como ejemplo para que entendiéramos lo que es la Comunión. Pero, todos lo escuchábamos con mucha atención y me acuerdo que salí de esa catequesis entusiasmada, aunque no entendía mucho.

Ahora, cuando voy a comulgar muchas veces lo pienso. “7 minutos para nosotros”. Pero, es verdad que, al margen de que tenemos la gran suerte de que SIEMPRE podemos hablar con Jesús y estar con Él, el tiempo en el que comulgas, sí que es un momento muy especial de unión con Él. ¡¡Qué suerte la nuestra!!

Muchas veces, vuelvo mentalmente a esa época, donde simplemente me siento como un niña en el suelo, y aunque parezca algo tonto, es cuando más cómoda estoy para hablar con Él. Vuelvo a sentirme como una niña, pequeña a Su lado, y le cuento todo y dejo que Él haga su trabajo. Porque muchas veces esto funciona así. Sentimos que hay mil cosas, que todo se nos echa encima, que nos viene grande… pero se nos olvida que hay algo mucho más grande que nuestros problemas y todo lo que nos rodea, y es Él, quien lo puede todo y te ama tanto que hará lo que sea para cuidarte, como hija o hijo que eres suyo. Como un padre quiere a su niño pequeño.

No sabemos lo que nos tiene preparado, pero ÉL SÍ. Te animo a que cojas unos minutos de tu día, te sientes un poco, da igual que sea en el banco de una Iglesia, una silla de tu habitación o incluso en el suelo, cierres los ojos y dejes que ÉL entre en ti, que como un niño aproveches ese tiempo que tienes con Él, sean 7 minutos o 40, y que le cuentes todo aquello que te preocupa o simplemente, te haya pasado en el día, sea bueno o malo. Déjaselo a Él. Y, después, continúa tu vida con la tranquilidad y la fe de un niño sabiendo que tu Padre está contigo.

María Cuesta

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