La ternura de Dios

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Las hermanas Clarisas capuchinas de Murcia se han dedicado con más intensidad, los meses de Noviembre y Diciembre, a su vida de oración y silencio para que nuestro mundo tome conciencia de su fe, o, al menos, el Señor nos ilumine para poder ver; para ello, no han mantenido contacto con el mundo exterior. Han vivido un largo “Adviento capuchino” muy tranquilo y feliz.

Nos felicitan el Año nuevo y nos regalan un artículo sobre la “ternura” de Dios y como busca hospedaje en el corazón humano:

“Decir Navidad es decir ternura de Dios. Él se hace hombre para que nosotros nos hagamos tiernos por el amor.

Hoy, la ternura tiene mala prensa entre los humanos. Tenemos un concepto de ella que no responde a su verdadero significado. Para muchos, la ternura es debilidad de carácter, sentimentalismo, zalamería, cosa de mujeres sin carácter para dominar.

Pero para otros, la ternura es fuerza para hacer el bien y debilidad o cobardía para hacer el mal. La ternura es madurez, vigor, fruto de un corazón fuerte para amar y débil para odiar. Decir ternura es decir corazón libre, capaz de amar y recibir amor.

Con la encarnación de Dios como hombre, llegó a nosotros la ternura divina. Ella es la fuerza más humilde de la tierra, capaz de hacer un mundo mejor, un mundo más fraterno.

¿De dónde le viene a la ternura esa fuerza? Por supuesto, no le viene del poder de los medios de comunicación o medios económicos, ni tampoco del poder de dominar. La fuerza de la ternura le viene del poder de su amor humilde.

Decir que Dios se hizo hombre es decir que se hizo ternura universal y ello gracias a su amor humilde y gratuito hacia todos.

La ternura cristiana tiene un nombre, se llama ¡No violencia! Ello nos compromete a un servicio gratuito, sin distinción de razas, religión o rango social. La ternura viene a ser el “sacramento de la vocación cristiana”. Por su forma de amar, es capaz de darle cuerpo a la fe, alma a la esperanza y corazón a la caridad, porque la caridad es la vida de la ternura. Una persona con ternura teológica es aquella que tiene un corazón palpitante y acogedor, que sabe dar y compartir lo que es y lo que tiene, que sabe dar su amistad gratuitamente, porque la ternura es el oxígeno del corazón.

Cuando dios se encarnó en una “carne pecadora” como la nuestra, una de las ilusiones que Él acariciaba era enseñarnos a convivir con la ternura. Este proyecto lo hizo realidad a lo largo y ancho de su vida. Y, cuando se iba acercando su hora, nos dejó esta tarea: “Aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón”. ¿Cómo podemos nosotros hacer realidad esta tarea divina? Dejando que Él nos haga a su imagen y semejanza. Dios es la ternura infinita que se nos regala de mil maneras,

entre ellas: nos está creando segundo a segundo. Nos está salvando por los sacramentos. Nos está invitando a que le abramos nuestro corazón para convivir en nosotros y con nosotros, a través de nuestros pensamientos, palabras y obras.

Hoy, como hace dos mil años, Dios sigue buscando hospedaje en el corazón de cada ser humano. Hoy no quiere belenes, hoy quiere corazones.”

Marienma Posadas Ciriza