Mi vocación a la felicidad

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La Hermana Irene Labraga, superiora general de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, recuerda como surgió su vocación.

«He crecido entre valores cristianos, en una familia, donde, si bien, no teníamos prácticas excesivamente piadosas, sí valorábamos la participación en la Misa dominical y nos inculcaban desde pequeños la costumbre de terminar el día con una breve oración antes de dormirnos, pero sobre todo, el amor al prójimo y el hacer el bien siempre. Y, eso sí, una cierta incomprensión por mi parte, cuando le oía decir a mi madre que para ella el más importante en la vida era Dios…»

«Siempre había dicho que aquello no era para mi, que no quería ser monja, quería ser médico, hasta que empecé a darme cuenta de lo que estaba pasando y pasé, aunque no sin resistirme, del ¿por qué yo? al ¿por qué no? Porque la verdad era que en el fondo aquella vida me atraía».

«De manera natural se fueron creando unos vínculos con la Congregación, que hoy en día son tan fuertes como los de mi propia familia. Me he acostumbrado a confiar en Él y a decirle que sí… y hoy, más de treinta años después, puedo decir que no me arrepiento. Que por cada sí, que yo le doy Él me da mucho más».

Te recomiendo que leas completo este testimonio en las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios