Belén, Campanas de Belén

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El carácter austero y sencillo de la Iglesia de la Natividad en Belén, uno de los sitios más importantes de la Cristiandad, contrasta con la exageración de las navidades actuales: grandes arreglos lumínicos, ornamentaciones especiales, gigantescos y cada vez más originales árboles de navidad y la decoración majestuosa de centros comerciales en una época dedicada al consumo. A diferencia de la celebración de Navidad entre júbilos, cánticos y campanas, nuestra preparación a través de regalos y decoraciones, conlleva a veces a tanta fastuosidad y lujo que contrasta con la sencillez y humildad que caracterizó el evento que se conmemora.

Iniciar pues, el recorrido de Jesús, implica tornar nuestra mirada hacia aquel pueblecito donde Él nació, que irónicamente es ahora uno de los lugares más conflictivos sobre la faz de la Tierra, aunque no deja de ser uno de los más hermosos e históricos: por ser el más venerado durante la Navidad, el nombrado cada Diciembre, el encuentro de Dios con el mundo.

En el paisaje: la ciudad se erige sobre varias colinas anchas y aplanadas, con escasa vegetación. Las casas más antiguas están hechas de roca amarillo-pálido y otras rojizas, incrustadas a lo largo de calles empinadas y angostas. Los hombres con sus turbantes sentados en sillas a la orilla de la calle, sorben el típico café árabe espeso. Enfrente de la Plaza, los niños palestinos así como los peregrinos pasan queriendo comprar un falafel, o un shawarma recién hecho. Hay un sin número de sensaciones tan hermosas que contrastan tan drásticamente con lo que uno puede apreciar al subir por la empinada pendiente; y es que, allí, allí se ve cómo se extiende la construcción del muro: una serpiente gris que estrecha metódicamente la ciudad.

Por eso ahora el paisaje urbano de Belén se halla, pues, más poblado por vigilancias y controles que por campanarios, por lo que quizá habría que actualizar aquel villancico de «Campanas de Belén«.

Y vale la pena decir que la entrada que tuvieron María y José a Belén no es la misma que tiene un peregrino ahora: quien debe esperar junto al muro para poder entrar… esperar segundos, minutos u horas atrás de una impresionante muralla de concreto, de diez metros de altura, coronada por alambre de púas… Quizá habría que actualizar también aquel villancico de «El Camino que lleva a Belén«.

La Iglesia de la Natividad está casi escondida. Esta misteriosa Iglesia parece más bien una fortaleza de piedra con paredes gruesas y hostiles y una fachada sin adornos. Quizá por eso ha sobrevivido 18 siglos.

Estar en un cruce de caminos del mundo –la populosa intersección entre Europa, Asia y África– significa ser invadido sistemáticamente a lo largo de la historia. La iglesia ha resistido conquistas persas, bizantinas, musulmanas, cruzadas católicas, los imperios otomanos, británicos y franceses, y ahora por un “estado ocupante sionista”.

La entrada a esta Iglesia, reducida a través de los siglos, para evitar el acceso de los caballos y camellos de los viajeros, es un agujero minúsculo. Hay que doblarse a la mitad para poder pasar.

Literalmente cada metro cuadrado de la Iglesia de la Natividad lo comparten ortodoxos griegos, armenios, coptos y católicos romanos. Sin embargo, no importa su versión del cristianismo, siempre hay algo significativo en el interior de la iglesia cuando uno pasa por las columnas de mármol hechas desde hace más de 18 siglos…

Bajo el Altar, al final de una desgastada escalera de piedra caliza, hay una pequeña cueva con olor a incienso y a cera derretida.

Aquí, en el blanco de este sagrado lugar, rodeada de asentamientos judíos y campos de refugiados, encerrada tras un muro, aprisionada bajo el piso de una iglesia antigua, en un espacio recubierto de mármol, se ubica una estrella de plata… allí…allí nació Jesús

El aire de esta gruta, es fresco y a la vez cálido por su olor a historia. Los conflictos aquí son un microcosmos de los acontecimientos mundiales. Por lo tanto, lo que sucede aquí refleja lo que amenaza la paz mundial.

Belén… ese pueblecillo de la Navidad ¡cuántas historias alberga! Hoy por hoy uno se encuentra tantas emociones en esa ciudad: uno citan la Biblia, otros recitan el Corán. Algunos muestran sus campos, otros señalan sus viñedos, unos más evocan la historia, mientras que otros visualizan el futuro. Algunos rezan arrodillados sobre el piso, mientras que otros colocan la frente sobre el suelo. Algunos arrojan piedras, mientras que otros, descaradamente, conducen tanques. No obstante, cuando se llega al meollo del asunto, cuando se prescinde del odio, de la política y de las guerras, lo único de lo que la mayoría habla, cuando se trata de Belén, es de la tierra. Un trocito de tierra nada mas, para saber que se trata verdaderamente de TIERRA SANTA.

Randa Hasfura Anastas (cristiana palestina)