¿Dónde está la justicia?

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¿Dónde está la justicia? Y hablo en serio, no como una pregunta romántica o que busca causar un cierto impacto, lo digo enserio ¿Dónde está? Porque dudo en ser el único que ha presenciado situaciones graves de injusticia, en donde de verdad hay un oprimido, una persona sufriendo, alguien que ha pasado por un muy mal rato, que le arrebatan una gran parte de él o de ella, de su propia esencia. Hay algo dentro de nosotros que se enciende al presenciar estos actos, estas situaciones, que es inevitable a la conciencia del cristiano poder ignorarlo.

Y no creo ser el único, ¿Por qué? Porque a menudo vemos diferentes personas en diferentes causas luchando por lo que consideran realmente justo, y es que hoy, la justicia parece ser algo tan lejano, una utopía en el mundo del Siglo XXI, y de verdad me cuestiono duramente: ¿Qué hacemos al respecto? Como ser individual, y como una comunidad, donde sabemos que el Evangelio nos enseña que el Señor ama la justicia y no abandona a quienes también lo hacen (salmo 37).

Pensando en las posibles respuestas, pensé en ti y en mí, y ojo, pues quiero dejar muy claro un punto: ser justos y amar la justicia, no nos debe de convertir en justicieros, pues hay una brecha enorme. Ser justos debe de orillarnos a exigir, a velar, y a ser parte de un cambio global, siempre respetando y escuchando aquello que se nos dicta según el Evangelio, ser justiciero es querer impartir “justicia” por mano propia, y eso nos convierte en jueces y verdugos, cuando sabemos claramente que ese no es nuestro rol en este lugar.

Acompañar a sanar a los demás, convertir esas debilidades causadas por los daños de personas en los demás en áreas de oportunidad, ayudar al otro a encontrarse a sí mismo cuando su entorno le dictaba perderse, amar profundamente y ser amado de la misma manera, creo firmemente que la justicia se reparte de esa forma. Iniciativas nuevas, propuestas que resuelvan verdaderas problemáticas, el simple hecho de tender la mano para quien no la está pasando tan bien.

Urge dignificar la palabra justicia, darle el verdadero sentido, la verdadera aplicación, buscar la forma de encarnar esta palabra, y que podamos ser colaboradores, para que todo sea mejor, para evitar más corazones dañados, a causa del mal uso de nuestra preciosa libertad.

La justicia está en nosotros, en ti y en mí, depende de nosotros que la hagamos vida, desde lo que nos corresponde, el área en la que nos desarrollamos, el rol que jugamos en esta sociedad, seguro estoy que Dios pide esto de nosotros.

Abraham Cañedo