¿Hago lo que me nace, o me sacrifico?

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Empujados por la idea de huir de inmediato ante cualquier amenaza o sufrimiento, hoy en día estamos cayendo en una cultura con poca capacidad de sacrificio. No estamos diciendo que el sufrimiento sea intrínsecamente bueno, pero sí defendemos el potencial de progreso que muchas veces conlleva.

La peor fuente de excusas

Esta idea de huir ante cualquier fricción nos lleva a excusarnos de hacer cosas, simplemente porque “no nos nace hacerlo”. Miren esto: “Dejo de ser romántico y detallista, porque la relación ya no es la misma de antes, y entonces ya no me nace hacerlo”; “Dejo de esforzarme en hacer actos de servicio por mi pareja, porque ya no me nace hacerlo”.

Claro: es más fácil excusarse en eso, ¿no? En vez de hacernos la pregunta correcta: ¿qué es lo que hace que ya no me nazca?, ¿cómo podemos recuperar eso?

Día a día

Recuerda que amar no es un sentimiento, sino una decisión diaria, que se renueva cada día a pesar de todo, y buscando mejorar diariamente. Mientras, debemos seguir esforzándonos por eso que queremos, haciendo las cosas con amor aun cuando son difíciles de hacer.

Además —parafraseando la cita evangélica—, si sólo hacemos las cosas cuando todo es color de rosa, ¿qué mérito tiene? Eso lo hace cualquiera. En cambio, el que en verdad ama lucha por ello.

* * *

Por último, solo que da pensar que, si todos nos rigiéramos así, haciendo las cosas solo “cuando nos naciera”, no existirían proyectos, empresas o innovaciones. Es más: ni siquiera habría familias felices, ni padres responsables, ni esposos fieles hasta la muerte.

Publicado en Ama fuerte