Hoy quiero contarte la historia de Alejandro.

Alejandro ha pasado ya por 5 centros penitenciarios y ahora, por cercanía con su familia, ha acabado en el lugar donde Dios tenía preparado un encuentro con él por medio de su madre, María.

Tiene tres hijos y su mujer le abandonó hace años. Los niños están al cuidado de su madre que los quiere como si fueran suyos, es la abu. Nunca había rezado nada y no se ha había planteado la existencia de Dios pero, gracias a la charlas que la pastoral penitenciaria ha ido dando en su centro penitenciario, fue conociendo más y más a Dios hasta que decidió empezar a rezar.

Sin embargo lo que más le atrajo la atención fue cuando el sacerdote, en una de esas charlas, enseñó el Rosario. Estas bolitas, les dijo, se llaman cuentas y en cada cuenta se puede poner una intención. Alejandro empezó a rezar el Rosario por sus tres hijos: verlos un día y poder abrazarlos, ya que desde hace años no ha tenido ningún permiso, pero hace unos meses disfruto del primero.

Al llegar a casa y saludar a los suyos pasó un rato maravilloso con cada uno de ellos, después de años podía estar con sus hijos en casa. Al llegar la noche e ir a la habitación de los tres niños, les dijo: sabéis lo que vamos hacer antes de acostarnos?…rezar el Rosario. Les explicó, cómo lo hace quien vive entre rejas, el modo de rezarlo y que lo importante era poner intenciones en cada cuenta. La madre de Alejandro no salía de su asombró cuando vio a sus nietos junto a su hijo rezar las 50 avemarías.

La historia de Alejandro no acaba aquí. Hace unas semanas le pidió al capellán de la cárcel un Rosario de dedo de madera para poder rezar avemarías mientras se pasea por los distintos módulos del centro penitenciario y pedir a María por los desterrados hijos de Eva.

 

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