En el coloquio final de un taller que impartí en Madrid hace unos días nos enganchamos en una intensa conversación sobre si era posible encontrar la felicidad hoy en día en medio de este marasmo de malas noticias. Asomarse al periódico a primera hora de la mañana es deporte de riesgo. Y hacerlo a las redes sociales es práctica sólo recomendada para espíritus a prueba de bombas.

Una vez le preguntaron a un maestro dónde estaba la felicidad, y él contestó escueta y directamente:

– “En la vida cotidiana”

Uno de los discípulos le replicó:

– “Pues yo en la vida diaria no veo felicidad alguna”

Y el maestro repuso:

– “Esta es la diferencia. Que unos la ven y otros no”.

Si no ves la felicidad aquí, no la verás en ninguna parte. Vivimos tiempos en los que miramos tan lejos que no vemos lo que está cerca. Nos perdemos entre memorias y expectativas que no son más que acrobacias que nos presenta la mente. Y no debemos dejarnos engañar por ellas. La felicidad está en la taza de café que estás tomándote, en la música de fondo que ahora suena en tu baño, en el tacto sedoso de esa falda que estás descolgando de la percha del armario… Pero sólo está para unos pocos, y se ausenta para la gran mayoría, que prefiere vivir de espaldas al momento, que se preocupa en lugar de ocuparse.

¡Abre los ojos!

Carlos Andreu

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