La hermana Maris Stella una vez sirvió a su país en la Marina, pero ahora dedica su vida a servir como monja de las Hermanas de la Vida, una comunidad religiosa dedicada a la promoción de causas provida.

Aciprensa ha recogido el testimonio de esta mujer que inició su carrera militar en la Academia Naval de Estados Unidos por una vocación de servicio que había tenido siempre.

En un viaje a Tierra Santa “estaba sentada en el Huerto de Getsemaní, miré hacia arriba y vi a una hermana religiosa que pasaba con hábito. Cuando la vi, su presencia realmente despertó algo en mí”, dijo. “Ella realmente estaba diciendo con su vida lo que estaba en mi corazón: este deseo de entregarme no solo por algo más grande, sino realmente por alguien, entregar mi vida entera a Dios”, explicó la hermana Maris Stella.

“Cuando conocí a las Hermanas de la Vida, no podía creer que su carisma existiera en la Iglesia y en el mundo”, dice la hermana. Define el carisma de la comunidad como ver cada vida humana como sagrada, única e irrepetible. “Me atraía mucho nuestra vida de oración, oramos unas cuatro horas al día, y luego nuestras obras de servicio, de servir a los más vulnerables, los pobres y los no nacidos, y las mujeres que han tenido abortos, simplemente llevándoles la misericordia de Dios”, contó.

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