John Henry Ramírez (37 años) fue condenado a muerte en 2008 por matar a una persona. Desde entonces está en corredor de la muerte de un centro penitenciario de Texas.

Revela El País que aquel miércoles ocurrió algo poco habitual: el Tribunal Supremo de Estados Unidos decidió suspender la ejecución en el último minuto, atendiendo a una petición, también, poco habitual y que el sistema de este Estado no permite. Ramírez había solicitado permanecer de la mano de su Pastor durante la ejecución mediante inyección letal. En este tiempo se ha ido acercando más a la fe y el Pastor le ha estado visitando asiduamente en los últimos 4 años.

John H. Ramirez no discute los delitos. Lo que se trata de dirimir en este caso es si la libertad religiosa del reo se respeta o no prohibiendo que su Pastor diga una oración audible o le toque. 17 años después del crimen, Ramírez solo pide irse al otro mundo cerca de la persona que le ha acompañado en los últimos tiempos y a la que solo ha conocido a través de un panel de plexiglás.

Puedes leer esta noticia completa en El País

Artículo anteriorEl olvido de Dios
Artículo siguienteHa fallecido el muy querido sacerdote jesuita José Pablo Tejera