Las consecuencias de la destrucción familiar son peores que las de una guerra mundial, porque aunque no produce muertes físicas, está produciendo una terrible mortandad espiritual.

Acabamos de celebrar en mi familia “nuestro cumpleaños”.

Si, porque hace 61 años dos personas con corazones generosos y entregados unieron sus vidas haciendo “nacer” una nueva familia…

He leído que cada aniversario de boda está representado por un material o un elemento y en el caso de los 60 años es el diamante = una piedra preciosa irrompible que se convierte en el símbolo perfecto de un matrimonio que ha sabido conservar y mantener su amor a lo largo de seis décadas (y un año más).

Lastimosamente las nuevas generaciones y este mundo (tan acelerado) en el que vivimos hace que todo esté cada vez más: en peligro de extinción.

Muchos países por considerarse “modernos” toman “como obsoleto o idea cavernaria” defender la vida de un inocente para querer justificar el aborto.

Estamos en realidad tan obsoletos que nos creemos modernos cuando seguimos la corriente de los demás sin importar lo esencial. 

Esto llega a sonar tan irrisorio como cuando se sienten modernos los que utilizan palabras en inglés: como si no fuera lo mismo decir “bacon” que “tocino”, aunque tengan la misma grasa.

Y así como vamos perdiendo nuestra identidad, iremos perdiendo nuestra dignidad.

No se trata de ser modernos o anticuados; se trata de ser “realistas”: ¡si no está en nuestras manos traer la vida al mundo, mucho menos quitarla!

Y por otro lado, vemos los rompimientos familiares que enfrían cada vez más la fe y el amor de muchas personas. Vemos por doquier una grave crisis de relaciones.

Cada día son más los matrimonios y las familias que se destruyen a pasos agigantados.

Hablar de las bodas de plata, de oro, de cristal, aun peor, de diamante sí que son palabras realmente arcaicas, y están “en peligro de extinción” quien tenga la dicha de cumplirlas.

Por eso, el concepto de familia debe ser lo más importante ¡hoy más que nunca!, no solo dentro de la Iglesia (siendo la primera Iglesia doméstica) sino en legislación de todo país, porque en ella se desarrolla: la sociedad.

Claro, porque estamos de acuerdo en que una familia saludable produce una sociedad saludable… y por tanto, un país saludable.

Las actividades llamativas atraen multitudes, pero no necesariamente las atrae a Dios.

Las familias saludables y su testimonio de vida sincera y transparente las atrae a Dios.

Randa Hasfura Anastas

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