Publica Aleteia el testimonio de un grupo de estudiantes de un instituto de Boston que ha encontrado una forma de practicar la obra de misericordia corporal número siete: enterrar a los difuntos.

El subdirector del centro pensó que sería bueno que sus estudiantes hicieran labores de portadores y acompañantes [de difuntos] en los funerales de personas que habían fallecido sin ser reclamadas por ningún familiar.

Los estudiantes, con chaqueta y corbata, cargan con el sencillo féretro de madera y toman parte en un breve homenaje. Leen juntos, en grupo:

“Querido Señor, gracias por abrir nuestros corazones y mentes a este acto de misericordia corporal. Estamos aquí presentes para dar fe de la vida y fallecimiento de …”.

Puedes leer este testimonio completo en Aleteia

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