Igual, igual no era porque el nuestro era sólo de chicos, pero nos enseñaron los mismos valores que, gracias a Dios, compartimos cuando nos vemos.

Y uno de ellos tiene mucho que ver con lo vivido ayer en las puertas de Montealto.

San Josemaría testimoniaba que no había tenido que aprender a perdonar porque había sabido querer.

Una vez que la madre de Montealto pudo abrazar por ultima vez a su hija que, como un ángel, acababa de volar al cielo, inmediatamente se fue a abrazar a la mujer que había atropellado a su hija y le dio un abrazo para fundirse en el dolor que es más soportable al ser compartido.

¡Hay mejor formar de perdonar que querer!

Pido hoy por todas las familias de Montealto a la Virgen Quitapesares para que les de enorme paz en estos momentos de costernación.

 

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