Ercole Amanzi era miembro del Partido Comunista Italiano desde su juventud y un ferviente anticlerical. Tenía novia, separada y madre de dos hijos, que se acaba de convertir y quiso peregrinar a Medjugorje. Cuando fue a buscarla para ir juntos a pasar unos días en la cercana costa dálmata, experimentó una conversión tumbativa que acabaría transformando totalmente su vida y acabó abrazando la vida religiosa. Hoy forma parte de pequeña comunidad de frailes franciscanos y es el padre  Cristoforo Amanzi.

Cari filii, que ha recogido su testimonio, explica que Ercole tuvo una conversación con una monja en la que asegura que tuvo una experiencia mística: “Cuando le di la mano no vi más que una palabra de cuatro letras, amarilla como el sol que formaba la palabra Iesu (Jesús en italiano) y que aparecía sobre un fondo negro”.

Ante esta experiencia quiso subir al monte donde se aparece la Virgen: “Después de un rato fue como perder la cabeza. Durante la subida vi fluir por mi mente los episodios más importantes de mi vida. Reconocí claramente lo que había sucedido: los errores, la traición a mí mismo, los pecados… Fue una iluminación, un examen de conciencia del que me di cuenta plenamente sólo más tarde. Durante el último tramo del camino, cerca de la cruz, escuché una voz masculina y paternal que me decía: ‘esto es lo que hiciste, yo te propongo otra vida’. En un momento entendí todo: Dios existe, ha tenido paciencia conmigo, siempre me ha amado y me da la posibilidad de amar y empezar de nuevo”.

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