Nuestra Iglesia está de fiesta porque un buen número de jóvenes se ha ido sumando a su valiosa lista de beatos y santos. Y, lo que nos parece aún más impresionante, es que algunos de ellos vivieron en el tiempo reciente, que nos recuerda que nuestro llamado a la santidad es permanente y alcanzable.

Y, siguiendo esta línea, nos sentimos muy felices de compartirles que desde el domingo 24 de octubre, Sandra Sabattini forma parte de esta preciada lista. ¿Ya la conocías? Acá te compartimos su hermosa historia:

Su vida

Sandra nació el 19 de agosto de 1961 en medio de una familia profundamente Cristiana. Desde los 10 años, Sandra ya presentaba un profundo interés en la religión, incluso comenzó a escribir un diario en el que anotó: <<la vida que se vive sin Dios es un pasatiempo, aburrido o divertido, con el cual jugar esperando la muerte>>, entre otras reflexiones de su vida espiritual.

Conforme fue creciendo, de la mano de su tío Sacerdote José, fue involucrándose más en las tareas de la Iglesia, inclusive a los 12 años conoció al Padre Preste Benzi, fundador de la Comunidad del Papa Juan XXIII y participó en varios campamentos en los que convivió con jóvenes con discapacidades severas.

<<Nos hemos roto los huesos, pero son personas a las que nunca abandonaré>>, le dijo Sandra a su madre, teniendo sólo 13 años.

Estos actos de caridad movieron profundamente su corazón; incluso escribió en su diario: <<Señor, siento que me estás ayudando a acercarme a Ti>>.

Tras una vida de servicio al más necesitado, en 1980 decidió inscribirse en la escuela de Medicina de la Universidad de Bolonia, ya que su sueño era servir como doctora en las misiones de África.

Durante sus vacaciones y periodos libres, se dedicó a trabajar en los centros de rehabilitación para drogadictos de la Comunidad del Papa Juan XXIII, en donde los mismos chicos daban testimonio del gran y desinteresado amor con el que ella los ayudaba a encontrar un mayor sentido a sus vidas. Solía decir: <<La caridad es la síntesis de la contemplación y la acción, es el punto de sutura entre el cielo y la tierra, entre el hombre y Dios>>.

El amor de Sandra hacia Dios se reflejaba en la alegría y el entusiasmo con el que actuaba. Le gustaba llevar una relación con Dios en el silencio y meditar ante el Santísimo. Incluso sus allegados cuentan que le gustaba orar en el piso, como signo de humildad y pobreza.

En 1984, mientras bajaba de su auto para asistir a una reunión de la Comunidad del Papa Juan XXIII, fue violentamente atropellada y, tras la seriedad del accidente, murió al poco tiempo.

El Padre Oreste Benzi, fue quien publicó la primera edición del diario de Sandra en 1985 y en 2003 la segunda edición ampliada con testimonios sobre su vida.

Fue hasta septiembre de 2006 que el obispo de Rimini, Mons. Mariano de Nicoló, introdujo la causa de canonización de la Sierva de Dios Sandra Sabattini y abrió el proceso que investiga su vida, virtudes y la fama de santidad.

La primera novia beata en la historia de la iglesia

En 1984, Sandra se comprometió con Guido Rossi, quien también participaba en la Comunidad del Papa Juan XXIII. Juntos vivían una relación marcada por la ternura y la castidad, a la luz de la Palabra de Dios.

Por esto mismo, Sandra se ha convertido en la primera novia beata de la historia de la iglesia, marcando una pauta importante a seguir en los noviazgos de los jóvenes creyentes.

En torno a su beatificación, Guido comentó que “su vida estuvo marcada por Sandra”. En su opinión, su beatificación permite contemplar la “gran misericordia del Señor que nunca nos deja solos, incluso cuando pensamos caminar solos, Él nos lleva del brazo”. Hoy, Guido es un diácono casado y tiene dos hijos.

Su beatificación

La celebración fue presidida por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Marcello Semeraro, en la ciudad de Rimini, Italia, tierra natal de la sierva de Dios.

En la misma ceremonia, Mons. Francesco Lambiasi, Obispo de Rimini, destacó que Sandra <<es (…) un icono creíble y atractivo de la santidad de la puerta de al lado (…) todo lo que necesitó Sandra fue la textura de una vida ordinaria, tejida con una fe viva, sostenida por una oración intensa y generalizada>>.

Se destacó también que Sandra llevó una vida feliz y fiel al cumplimiento de sus deberes, destacando los pequeños gestos de amor en una apasionada amistad con Cristo.

El milagro que avaló su beatificación fue el de Stefano Vitali quien a los 41 años fue curado milagrosamente de una metástasis bajo la interseción de Sandra. Toda la historia se relata en el libro “Vivo por milagro. Así Sandra Sabattini me ha curado”.

¡Qué bella historia! ¿No te parece? Oremos, con la intercesión de Sandra, para que, de acuerdo con su ejemplo, también nosotros podamos representar el Amor de Cristo en cada una de nuestras acciones y sirvamos a nuestro prójimo en cada oportunidad.

¡Que así sea! <3

Oro por ti,

Myriam Ponce

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