sábado, diciembre 4, 2021
Confinadas por Amor
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El Cielo en la Tierra

Llegar al Cielo. Una meta, un camino, un deseo…

He salido de un retiro “rico en emociones”.

Se nos presenta un Dios que es puro Amor.

Y es que solo ese Amor nos puede llevar a ese cielo tan “deseado”

Pero ¿hemos realizado lo grandioso de este Amor? ¿Hemos realizado que Dios creó al hombre “tan libre” / “tan dueño” de su propia voluntad, que ni su propio Creador puede forzarla?

La respuesta es sencilla y a la vez sublime: ¡Porque Dios quiso que el hombre fuese hijo suyo!

En el instante en que pueda ser manipulada su voluntad, se convertiría en un pobre muñeco incapaz de amar. ¡Así de fácil!

Dios quiso que el hombre fuera un ser infinitamente más grande que las demás creaturas, “alguien” y no “algo”, alguien capaz de calentar y de alegrar su tan sensible corazón de Padre, de sorprenderle, de tratar de competir con Él en generosidad, cariño y ternura.

Y como Dios ansiaba todo esto, con la ilusión del amor, se atrevió a crear al hombre como lo que Él es: una persona.

Quiso hacer del hombre un ser capaz de colmar la sed infinita de amar y de ser amado; un ser por quien Él pudiera ser comprendido y amado ¡No estoy exagerando!

¿Acaso no leemos en Génesis “Creo Dios al hombre a imagen suya”?

¿No exclama el Salmo 8 “lo hiciste poco inferior a los ángeles, le diste el mando sobre las obras de tus manos y todo lo sometiste bajo sus pies”?

¿Y no comentó audazmente Santo Tomás de Aquino “si amamos a Dios nos divinizamos”?

También decía San Agustín: “Y habiendo creado al hombre conforme a lo que le es más amado y resplandeciente, es decir, ´conforme a los rasgos de su hijo unigénito´: Dios se enamoró del hombre

Lastimosamente en la actualidad, la palabra amor ha sido tan deformada, tan degenerada, tan trastocada que muy pocos la utilizan como se debe, aunque claro, esto no quiere decir que el amor verdadero ha dejado de existir.

Y así, recordé lo que una vez me decía mi hermana en son de broma: muchas personas utilizan la famosa “Primera Carta a los Corintios” que habla sobre el amor, para los matrimonios, interpretándolo como exclusivo de esposos, como si solo hablara del tipo de amor existente entre novios, más sin embargo allí es justamente donde se habla del verdadero amor de Dios, que se atribuye al verdadero amor que debería existir entre nosotros los cristianos.

El amor verdadero es incondicional (no pone condiciones), oblativo (entrega su vida), gratuito (no espera nada a cambio), universal (no es exclusivo), es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia.  El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Y finaliza: “existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor

Estas son las características del amor de Dios, del amor de Jesús y de tantos otros santos modelos que lo han imitado, y es así como Dios espera que amemos.

Y mientras Jesús estaba en el mundo repetía en varias ocasiones: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, pero lo puso más difícil aun: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado

¡Qué fuerte! ¿Realmente amamos a los demás como Jesús nos ama?

Y nos podemos volver a preguntar ¿los demás pueden sentir que vivimos en constante alegría?

Pero un tipo de alegría como fruto de permanecer en el amor de Dios, no una alegría superficial, que se satisface con los pequeños placeres de este mundo: con un bello paisaje, una buena comida, una buena caña entre amigos… sino una alegría -que a pesar de lo irónico de mis tristezas- inunda mi interior y nada me la arrebata.

Al final Jesús se nos presenta no solo como nuestro hermano, nuestro maestro, nuestro salvador, sino “sencillamente” como nuestro “amigo”… me imagino que si nos llama así es porque supuestamente ya le conocemos… entonces más allá de ir a misa, de asistir a cursos, a convivios como un “check list”… deberíamos cultivar una amistad íntima con Él, más que con cualquier otro amigo.

Y entonces, solo entonces, podemos estar experimentando el “Cielo” en la Tierra…

Randa Hasfura

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