sábado, diciembre 4, 2021
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El propósito que me hizo Dios

Esta semana, concretamente el lunes por la mañana, iba en el bus de camino al colegio con ninguna gana de empezar la semana, y menos teniendo examen de historia, la asignatura que más me cuesta, cuando de repente me llega un mensaje de jóvenes católicos ofreciéndome que colaborara con ellos. Me chocó bastante porque nunca había colaborado en algo así, y decidí pensármelo ya que no sabía si me veía capaz de hacerlo. Se lo comenté a mis padres, y me dijeron que eso era algo que dependía de mí, pero que, si lo hacía, tenía que ser porque yo quería y con ganas. Cuando llegó el viernes, después de toda una semana estresante, ya en la cama, pensé, “¿por qué voy a rechazar una oportunidad así?”, soy joven, cristiana y con inquietudes en la vida, así que cogí una hoja de papel, un boli y dejé escribir lo que fuera fluyendo.

Me llamo Adriana, tengo 16 años y vivo en San Sebastián. Toda mi vida he creído en Dios, y desde pequeña he ido a un colegio cristiano. Me bauticé el día que cumplí los 9 años, y a los cuatro meses hice mi primera comunión, pero nunca había llegado a interiorizar todo lo que conlleva vivir por y para Dios.

Hace unos años, me detectaron un tumor cerebral y ahí me replanteé mil preguntas. Al principio me lo tomé como un castigo de Dios, pero no entendía el mal que había hecho. Debido al tratamiento de quimioterapia que estuve recibiendo durante un tiempo, tuve varios efectos secundarios, entre ellos, la caída de pelo, que fue lo que más me dolió. Yo solo era una niña inocente con tan solo 11 años que no me mostraba tal y como era, no podía enseñar al mundo mi mayor inseguridad y tenía que ir a todas partes con una gorra o un sombrero.

Muchas veces me sentaba delante de un espejo, y me ponía a llorar porque no quería verme así, pero un día, mis padres me dijeron:

“Dice el Señor que ya no te mires al espejo”. 

Me dio mucho coraje esa frase, porque en aquel momento no era consciente del dolor que ellos llevaban dentro, porque les rompía el verme sufrir, pero automáticamente Dios interactuó y me dijo:

“Yo te puse en ese cuerpo por algo, te puse en el cuerpo de Adriana porque tenías un propósito como Adriana, y te creé a mi imagen y semejanza”.

En ese momento comprendí que, si me rechazaba a mí, rechazaba a Dios y su creación, y que un Dios perfecto no iba a crear algo imperfecto o feo. Y ahora, Dios me enseñó a amarme como soy, porque gracias a Él, me superé a mí misma y hoy en día puedo mostrar al mundo mi nueva melena y las cicatrices de guerra que llevo conmigo.

Adriana Ansorena Rivas

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