«Nacer y morir… son los ámbitos que más me interesan» dice a los reporteros de Avennire el sacerdote, ermitaño y escritor Alessandro Deho’.

Portaluz, que se ha hecho eco de su historia, destaca cómo le afectó la muerte de su padre: «La muerte de mi padre -continúa padre Alessandro- fue mi experiencia más alta del rostro de Dios. Tuvo un ataque al corazón. Se recuperó. Luego contrajo el Covid con la primera ola en Bérgamo. Dos veces me llamaron a la sala: ¡un regalo! La segunda fue el 27 de marzo, el día en que el Papa hizo aquella salida con el crucifijo en la desierta Plaza de San Pedro. Ese día leyó ‘La tormenta se calmó’ y yo, sin saberlo, había elegido el mismo pasaje para mi padre. Frente a esos ojos que me miraban implorando libertad, lloré y fue como estar bajo la cruz. Ahí se derrumbó toda perorata sobre Dios. Había amor en su expresión más profunda y dolorosa. Me sentí en el corazón del nacer y el morir. En sus ojos abiertos al misterio. Una bendición paternal muy poderosa. Comprendí que la profundidad de la fe no consiste en buscar a Dios, sino en dejarse mirar por Él. Un vuelco al borde del precipicio porque en Jesús no hay nada edulcorado… Este es su escándalo».

“Para mí, el rostro de Dios está ahí. En ese misterio que rodea a la muerte. Esa es la pobreza más radical. No hay nada más pobre que eso”.

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