The Objective ha entrevistado al obispo de Trondheim, en Noruega, el monje trapense Erik Varden (Sarpsbor, 1974), uno de los pensadores más originales y fascinantes de la actualidad. Con una exquisita formación académica y cultural, la obra de Varden se asoma a los grandes interrogantes de la humanidad.

De la extensa entrevista destacamos dos respuestas:

  1. El amor surge de un encuentro personal. No se trata de una idea, ni de un sistema, ni de un conjunto de reacciones químicas y hormonales, sino de una verdad que nos sale al paso y nos arranca de la soledad. ¿Por qué nos salva el amor?

Debemos recordar aquí que el amor no es una abstracción intelectual ni tampoco un sentimentalismo. En cierto sentido, el amor ni siquiera constituye necesariamente una experiencia. El amor expresa más bien una relación, que puede manifestarse de forma dolorosa cuando la persona que amamos está ausente o cuando somos conscientes de haber puesto en peligro o de haber traicionado ese amor. «Ser salvado por el amor» no consiste en que me haya sacado de la miseria un globo de aire invisible, sino en darme cuenta de que mi vida no es indiferente; de que tengo algo y a alguien por quien vivir y de que tiene sentido seguir adelante.

2. Respecto al dolor como modo de alcanzar la sabiduría, explica:

«El dolor requiere ser asumido, tratado, y -de un modo idea- entendido también. No hay forma de evitar que esto sea lo primero que suceda, aunque por un tiempo conduzca al autoaislamiento […] Pero se trataría sólo de una primera etapa de la curación. Algo fundamental ocurre si me doy cuenta de que mi dolor, siendo mío, no es exclusivamente mío – y esto ocurre si aquello por lo que he pasado me ha abierto a la compasión hacia los demás. De hecho, incluso el dolor más atroz puede adquirir sentido si se convierte en un camino hacia la comunión. «Y, aunque era Hijo», leemos en la Carta a los Hebreos, «aprendió la obediencia a través del sufrimiento. De este modo, alcanzada la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Heb 5, 8-9). Encontramos aquí también un paradigma para nuestra propia experiencia. Mi dolor puede convertirse en causa de salvación para otros. En Cristo, por supuesto. De este modo, si en lugar de aprisionarme me libera, el dolor puede adquirir una gran dignidad».

Te recomiendo que leas esta entrevista de Daniel Capó en The Objective

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