Ayer celebramos un nuevo aniversario de Karol Wojtyla como Papa. En esos momentos imaginé sus últimas plegarias antes de ir a la casa del Padre y pensé que se acordaría de aquel día en el que, en su amada y ocupada Polonia, se encontraba solo en una habitación después de haber visto la muerte de su madre, hermano y acabado de enterrar a su padre.

En ese ambiente, aparentemente muy turbulento, es cuando se produce el encuentro con el sacrificio, el descubrimiento con el Amor ¿Puede haber amor sin sacrificarse? El evangelio de hoy es todo una lección ya que Jesús les pregunta a los dos hermanos, Santiago y Juan, si están dispuestos a beber el cáliz que Él va a beber.

Hoy, los cristianos y a los que no lo son, me incluyo, rehuimos del sacrificio y, sin darnos cuenta, huimos del amor. Enseñamos a nuestros hijos a huir del amor porque no queremos que vean el sacrificio.

Hace unos años fui con unos chicos jóvenes al Camino de Santiago. Las primeras etapas las hicieron bien, pero cuando apareció el cansancio, comenzaron las quejas y, cuando no los veía, se escondían y cogían un taxi para llegar al final de la etapa. No querían sufrir.

Enseñamos a sufrir ¿Saben amar?

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