Se ha estrenado en cines la última película de James Bond, “Sin tiempo para morir”, y me ha llevado a reflexionar sobre varias cuestiones que nos toca vivir.

James Bond es un héroe de acción; un hombre seductor, enigmático, astuto, seguro de sí mismo, elegante, comprometido…que cumple con su deber. Pero, en esta película, vemos un Bond moderno, imperfecto y consciente de sus limitaciones. Un héroe humano, vulnerable, que muestra sus heridas físicas y emocionales. Heridas que nos producen empatía porque todos las sufrimos, tarde o temprano.

Vemos un personaje que destroza organizaciones terroristas internacionales y, a su vez, se ve atormentado por sus traumas, contradicciones y consciente de sus debilidades. Inmune a las balas, pero vulnerable a la pérdida y al amor.

Es una historia sobre la necesidad de dejar ciertas cosas atrás para poder seguir adelante y para poder amar. Seguir un viaje en busca de su esencia y de su destino, como todo héroe. Una alegoría de la peregrinación del alma al mundo de ultratumba.

Analiza también la naturaleza del mal desde su origen. El mal nos atrae porque tiene una mezcla de deseo, misterio, empatía, atractivo….nos llama la atención. Aquí aparece el villano, un ser con sed de venganza, anhelo de poder, crueldad heredada…es el retrato de la maldad pero con una conexión personal con Bond.

Un personaje que carece de familia, que perdió la inocencia antes de tiempo y, por ello, no sabe distinguir el bien del mal. Su proyecto es construir su edén artificial y encontrar la satisfacción en la tecnología. Lo importante que es el buen uso y poner límites al avance tecnológico. Cuando el hombre juega a ser Dios, comete los mayores desastres, todo se vuelve en su contra.

Y una gran historia de amor. Un amor de verdad que se puede convertir en una carga peligrosa para Bond. El enemigo puede utilizarla para manipularle. Es una unión que
atraviesa las fronteras de su seguridad. A su vez, es estímulo para realizar proezas y
alcanzar éxito en su aventura. Un amor que es un lujo que no se puede permitir. En el
amor siempre hay riesgos, pero merece la pena apostar por ello.

Nuestro héroe muere. La muerte le llega como una opción libre. Él decide morir, se da por vencido.

Pero, ¿qué le lleva a tomar esta decisión?
El AMOR. ¡Qué poderoso es el amor!

Sabe que nunca va a poder amar. Cuando Bond es consciente de que va a ser un muerto en vida, se deja matar. Elige morir a vivir sin amor. La verdad que estamos hechos para amar, no somos nada sin amor.

¡Qué gran mensaje nos deja la película! El amor mueve montañas y es el camino al cielo.

Marienma Posadas

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