Somos personas que nos sabemos adaptar muy bien a las exigencias del lugar que nos rodea, ante la novedad de un trabajo, buscamos estrategias y nos adaptamos, ante un nuevo reto, se busca superar el obstáculo que no nos permite desarrollarnos totalmente, hay un sinfín de retos en la vida a los cuales tenemos una respuesta y una solución.

Pero creo que muchas veces, ante el tema de aprender a saber descansar, hay una incógnita grande, o desconocemos mucho del como descansar, ya que este hecho, no se reduce o se limita solo a dormir, sino que existen muchas formas, muy variadas, sobre el descanso, y creo que esto aún no queda claro, muchas veces en nuestro ambiente, de servicio dentro de la Iglesia.

A veces, es válido, y es incluso “regenerador” por así decirlo, sacrificar algunas horas de sueño, algún u otro momento de adelantar responsabilidades o deberes para poder tener un momento de escucha con el hermano, alguna salida con nuestros amigos cercanos, alguna platica cercana con nuestros Padres. Y si, tal vez puede que después de eso, hagas de una forma apresurada algunos de tus deberes, estés un poco desvelado por aquellas horas de sueño que te faltaron, o incluso te sientas un poco cansado físicamente.

Pero el punto aquí es que al momento de voltear hacia atrás, sabrás que ha valido la pena, pues pudiste tener un verdadero momento de descanso, con los tuyos, en donde se hace presente Dios, que nos regala estos pequeños pedacitos de cielo en la tierra: el sentirse Iglesia en medio de los nuestros. Yo constantemente, por el estilo de vida que llevo (como seminarista, futuro sacerdote) me cuestiono los lugares de mi descanso; y más allá de ser lugares, en realidad son personas, y los momentos que comparto con ellos.

Creo firmemente que ahí se encuentra el descanso: compartiendo con los que más amamos, haciendo actividades que nos llenan de vida, compartiendo los dones que Dios nos ha regalado en su infinita generosidad

Abraham Cañedo

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