Alguna vez en nuestra vida todos, ante una situación, hemos pensado: “Esto es el destino”. Muchas veces nos planteamos si nuestras acciones han ocurrido porque así estaban planteadas. 

Cuando nacemos, Dios nos hace libres, algo incompatible al destino pues al hacernos libres nos da el poder de decidir qué queremos hacer en todo momento a lo largo de nuestra vida. Si el destino estuviera presente, no seríamos libres.

Dios nos ayuda a tomar las mejores decisiones, sin tener predestinado el resultado. Esa libertad al nacer, esa libertad que nos hace tomar nuestras propias decisiones y cambiar nuestros caminos nos hace libres.

La vida toma el rumbo que nosotros decidimos que tome, sin destino, sin caminos escritos antes de nacer, siempre con la ayuda de Dios a encontrar la mejor solución a nuestras cuestiones poniendo en manos de él la confianza suficiente para afrontar con ilusión y fe nuestros problemas.

Mariromme

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