José Mari Soler Zulategui, fue uno de los primeros testigos del nacimiento de las comunidades neocatecumenales, a finales de la década de los sesenta, en el barrio de chabolas de Palomeras Altas, en Vallecas (Madrid).

Catequista incansable, evangelizó en por todo Madrid, Levante y Euskadi y, más tarde, como familia en misión, en Perú con su mujer y sus dos hijos menores.

El Camino Neocatecumenal comparte en su muro de facebook una carta suya ante la cruz de la enfermedad, un cáncer que le arrancaría la vida. Estos son algunos párrafos:

«… mi vida está en sus manos y ya desde el principio de mi enfermedad acepté su divino designio sobre mí. Él es mi Señor y a mí me toca bendecirle, alabarle y glorificarle, pues para eso me pensó desde antes de la creación del mundo, para ser feliz eternamente y gozar de su Presencia en el Amor. Siempre en toda mi vida el Señor Jesús me ha tratado con infinita misericordia y nunca como se merecieran mis pecados e infidelidades».

«… si no fuera por vuestra oración estaría lejos de la alegría de saberme hijo de Dios y miembro del mismísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, la Santa Iglesia».
Explicando los dolores que está sufriendo en los huesos y su falta fuerza a causa de la quimioterapia añade: «Le pedía al Señor que me fortaleciera, que me defendiera del demonio, que me diera paciencia en el sufrimiento y hasta contento interior por asociarme a su Pasión. Le ofrecía mis dolores para que unidos a los que padeció El sirvieran para mi purificación y la conversión de esta generación.»

«Continuad rezando por mí…para que no desfallezca, acepte la historia como es, sin querer cambiarla y para que en mi corazón surja un himno de adoración, alabanza y Acción de Gracias a Dios nuestro Señor en el Espíritu Santo.»

Te recomiendo que leas la carta completa en el Camino Neocatecumenal en Cataluña

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