jueves, octubre 21, 2021
Confinadas por Amor
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Vivo para Él. Teresa Cantero.

Me llamo Teresa, soy estudiante de Comunicación Audiovisual y Digital en Madrid, y nací en 2003.

He creído en Dios toda mi vida, aunque hasta hace un año mi relación con Él se limitaba a ir a Misa todos los domingos, seguir unas cuantas normas, y repetir algunas oraciones memorizadas. Siempre había deseado amarle, pero no le conocía personalmente ni sabía hablar con Él.

En verano de 2020, tras varios meses de cuarentena, pasé por los peores momentos de mi vida. Me encontraba distante de mis amigos y familiares, y tenía la sensación de que estaba llamada a algo, pero no entendía mi propósito. Notaba un profundo vacío en mi corazón y nada de lo que me rodeaba lo llenaba. Me sentía muy alejada de Dios, y sabía que solo Él me podría ayudar a salir de esa situación.

La primera vez que verdaderamente noté Su presencia y Su amor fue el 20 de julio. Esa noche decidí que debía cambiar mi vida, supe que Jesús me estaba llamando concretamente a mí, y que tenía que empezar a trabajar mi relación con Él para poder conocerle y amarle. 

Dejé de vivir por mí y comencé a vivir por Él. Esa semana, cogí una Biblia y me propuse leerla a diario. También tuve mis primeras conversaciones largas con Jesús, sintiendo su cercanía y cómo me escuchaba y me sonreía. Jesús transformó mi corazón y mis deseos. Encontré la felicidad completa en Él, no porque cambiase mis circunstancias, sino porque mi alegría ya no estaba determinada por los hechos que me rodeaban. Dependía únicamente de Jesús, que nunca dejó de mostrarme su amor, aunque algunas veces yo fuese incapaz de percibirlo. 

A través de la primera Carta de Juan, que fue por donde empecé a leer la Biblia, descubrí que el amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero. Así, habiendo conocido su amor, fui capaz de amarme, y de amarle a Él y a los demás incondicionalmente. 

También aprendí de Jesús que soy suya, que Él me escogió y me llamó amiga, que soy la sal y la luz del mundo, y que soy reflejo de su gloria. Me enseñó a aspirar a los bienes de allá arriba y a caminar como Él caminó, sin cansarme de hacer el bien. Me ayudó a descargar todos mis agobios en Él, y a confiar en que siempre está al control. Esta fe es una de las cosas que más me han cambiado, de modo que cuando pido algo a Dios, antes de recibirlo le doy gracias, porque sé que me lo concederá si es su voluntad.

He dejado de lado el temor, siendo consciente de que Dios me protege y todo lo que ocurre supondrá un bien para mí y para Él, aunque no me dé cuenta aún. Por eso sé que debo ser paciente a la hora de entender su plan, que me va desvelando poco a poco, guiándome hacia su amor.

Busco transmitir esta felicidad a las personas que me rodean, intentando amarlas como Dios las ama, para que a través de mí lo conozcan a Él. Para lograrlo, creo que lo más importante es hablar con Jesús todo lo posible. Sabemos que cuanto más tiempo pasas con una persona, más te pareces a ella. Con Dios sucede lo mismo. Si quiero ser como Él, debo aprender de Él, y esto se consigue gracias a su compañía.

También considero esencial leer la Biblia a diario, pues no se puede amar lo que no se conoce. Por tanto, amar a Dios consiste también en conocer su Palabra y cumplirla. Con el fin de recordarla mejor y aplicarla en mi vida, establecí un código de colores para subrayarla y clasificar los distintos temas que se tratan (Dios, amor, oración, pecado…)

En este año y pocos meses desde que le entregué mi corazón, Jesús se ha convertido en el centro y sentido de toda mi vida. No soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Por ese amor que demostró en la cruz al morir por mí, cada cosa que hago es para Él. 

Teresa Cantero Moreno

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