jueves, octubre 21, 2021
Confinadas por Amor
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Me reencontró cuando más perdida estaba

El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19,10)

Me llamo Belén, soy de Córdoba y tengo 21 años y soy estudiante de Derecho y Administración y Dirección de Empresas.

A día de hoy puedo decir a pleno pulmón y sin ningún tapujo que creo en Dios y que me ha salvado la vida. Desde muy pequeña siempre he asistido a grupos de Fe, grupo joven de las hermandades donde quiero destacar que viví uno de mis primeros encuentros con Dios. Fue a partir de que empezara Bachillerato cuando mi vida dio un cambio rotundo y lo que todo parecía ser perfecto, dejó de tener sentido.

Después de vivir ciertas experiencias durante un tiempo de mi vida, dejé de confiar en Dios, todos los días me preguntaba ¿Por qué me hace esto?, ¿Por qué no me ayuda? Y muchas dudas más que me surgían a diario y para las que nunca encontraba una respuesta. Bueno, la única respuesta que me salía era si Él no me está ayudando en lo que pido yo no voy a hacer nada por Él. Fue ahí justo cuando me perdí, cuando mi vida se basaba en salir de fiesta y vivir la vida, aunque por dentro sabía que algo no estaba bien.

Justo ahí cuando Dios reapareció en mi vida manifestado en forma de persona, una persona que nunca había formado parte de mí, por eso me di cuenta que esto solo podría ser obra del Jefe. Gema me llevó un día a misa en la que justo después había adoración al Santísimo, fue en el momento en el que me puse delante de Él después de tanto tiempo, cuando entendí que nunca me había abandonado, que todo lo que estaba haciendo o, mejor dicho, todo lo que no hacía era porque tenía un planazo para mí.

A partir de ese día decidí entregar mi vida a los demás y a Dios de una forma que jamás imaginé que lo haría, entré en la Delegación de Juventud de Córdoba y empecé a ver a Dios en cada uno de ellos, en cada charla que teníamos o en cada problema que surgía.

Me reencontré con Dios en mi familia, en mis amigos y en mis amigas, en la biblioteca mientras estudiada o simplemente en unas copas en las que en principio nunca pensé que podría estar.

Así vivo mi fe, día a día, ofreciéndole mi vida y mis actos para que se haga en mi Su voluntad, porque Dios me encontró como a una oveja descarrilada y es la forma que tengo de agradecerle, viviendo sirviendo a los demás, en este momento forjé mi vida basándome en “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Cuando me reencontré con Dios me di cuenta que la vida era más que la fiesta, las copas o cualquier otra cosa que cualquier persona con mi edad podía querer, la vida era ir a misa, mirar a mi lado y ver a alguien que necesitaba mi ayuda, mirar a los niños de catequesis y entender que ellos posiblemente veían a Dios en mí, que el abrazo de mi madre era el amor más puro y sincero que se podía vivir o que una charla con mis amigas era lo único que necesitaba para ser feliz, que cualquier acto que yo pudiera hacer por simple que fuera podría llegar a repercutir en los demás.

Me siento afortunada y plenamente tranquila al decir que tengo a Dios en mi vida, que me quiere y que confío en Él.

Belén Díaz León

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