A veces pareciera que el cuerpo nos aleja del amor. En efecto, la contemplación del cuerpo de otra persona es capaz de suscitar en nosotros impulsos o deseos que, de ser seguidos irreflexivamente, nos llevarían a considerar a dicha persona como un objeto de placer. Y si tratamos a la otra persona como un objeto, no la estamos amando.

Para una vivencia virtuosa de la sexualidad, ¿es que acaso se debería excluir el cuerpo, minimizar lo más posible su influencia? Si esto es así, en el ámbito de la sexualidad, ¿el cuerpo no sería más bien un enemigo?

Una moral realista —es decir, una moral cristiana— requiere equilibrios. De hecho, toda virtud es siempre un punto de equilibrio entre dos vicios extremos. Y a esto no es ajeno el mundo de la sexualidad. Por eso, descubrir el rol del cuerpo en sexualidad requiere encontrar un balance armónico en medio de dos posturas extremas: el materialismo y un dualismo maniqueo. De ese balance nos ocuparemos en este video.

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