Publica El Liberal un artículo de Dani de Fernando que nos tiene que llevar a una reflexión profunda sobre lo que está pasando.

Comienza con una cita del filósofo Alain de Benoist: «Nuestro tiempo no gusta de héroes y prefiere víctimas». Y no le falta razón. Un tiempo así, claro, no puede parir verdaderos héroes y tiene que contentarse con los superhéroes, que simbolizan todo lo contrario. Los héroes clásicos encarnan valores atemporales, imperecederos, y en cierto modo viven «de acuerdo a los más excelente que hay en nosotros». Por el contrario los superhéroes poseen una serie de poderes que impiden humanizarlos.

Superman y Wallace (protagonista de Braveheart) no son comparables. El primero no puede, como de hecho hace el segundo, rezar para afrontar con entereza una muerte que lo atemoriza. Así, ofrece su sufrimiento por una causa mayor que él, se encomienda a Dios y termina acometiendo una empresa imposible para aquellos que creen que la muerte es el final y no el principio. Lo sostiene su familia, lo sostiene su patria y lo sostiene Dios; y eso es, precisamente, lo que lo convierte en un héroe al que recordar e imitar.

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