EL ESPAÑOL – Noticias de Castilla y León charla con Alberto Rodríguez Cillero, tras ser ordenado el pasado domingo, 12 de septiembre, sacerdote en Valladolid.

En primer lugar manifiesta su gratitud a Dios por haberlo llamado a pesar de su indignidad y también a su Obispo, a su familia, hermanos sacerdotes, amigos queridos, personas que estuvieron ahí y que han estado durante estos años, rezando, apoyando, sosteniendo también su vocación.

«Identificarse con Cristo implica configurar mi vida con la misma vida que Él vivió: implica ser sacerdote, sí, como lo fue Él, pero también siervo y víctima. ¿Cómo hacerlo? Mirando a Cristo y pidiéndole que me conceda la gracia necesaria para poder vivir mi sacerdocio siempre con alegría, humildad, y sobre todo, fidelidad».

Su vocación surgió de la lectura de un texto de  Papa san Pío X hablaba sobre el sacerdocio, sobre cómo debería ser un sacerdote, sobre el estilo de vida que él deseaba para los sacerdotes. «Y recuerdo cómo esa noche salí al balcón, y mirando a las estrellas, comencé inexplicablemente a llorar. Podía ser puro sentimiento de melancolía, o quizás… Podía ser algo que venía de más arriba. Y pensé que ese modelo de vida que había leído, quizás, podía ser para mí, podía ser lo que Dios quería de mí». Finalmente entró en el Seminario al año siguiente.

Respecto a su día a día a partir de ahora, explica que apenas he comenzado, así que no podría dar una respuesta total. «Pero sí que sé qué es irrenunciable: la oración, que es el dialogo amoroso con Dios; la celebración de la santa Misa y de los demás sacramentos; la atención espiritual de todas las personas que lo necesiten»

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