Hay que aceptar que vivimos en una sociedad a prisa, y, entre esta inmediatez en la cual estamos inmersos, muchas veces descuidamos algunos aspectos nuestros, y es algo muy común, lo importante es poder identificar qué es lo que hemos descuidado, y como volver a trabajar en ello.

En este lapso donde buscamos, nos podemos perder, podemos no encontrar la brújula que nos dirija a aquello que necesitamos enfocarnos, podemos confundirnos con lo que debería ser nuestra prioridad, y sustituirlo totalmente por algo más, a todos nos puede pasar.

Y Dios, en su infinita misericordia y sabiduría, a través de lo creado, de aquello en donde Él nos habla a diario, nos hace volver la mirada a lo indicado, a donde debemos llevar nuestra barca, solo que muchas veces la forma no es de nuestro total agrado.

A veces, ese golpe de la realidad es lo que nuestro corazón y nuestra alma necesitan para caer en cuenta de aquello que necesita reflexionar, recapacitar, o poner en marcha. Seguramente, estos sucesos tienen la intervención divina para hacernos ver estas realidades que, sinceramente (lo digo por experiencia), a veces estos sucesos no son los que queremos, pero si son lo que necesitamos, pues de una u otra manera, nos recuerdan que estamos vivos.

Si somos personas, jóvenes de fe, podemos interpretar estos golpes de la realidad como el eco de la voz de Dios ante aquello que realmente es necesario trabajar. Estos pequeños momentos son el recordatorio de aquel conflicto pendiente por arreglar con aquella persona, aquel aspecto humano que quieres trabajar, aquel propósito o virtud humana que te propusiste obtener, en fin, el recordatorio de lo anhelado en nuestro corazón.

Que estas llamadas de Dios no pasen desapercibido en nuestro corazón, y en nuestra mente, que sepamos re direccionar para el bien de cada uno de nosotros. Aprendamos a acoger la voz de Dios y a dejarnos amar de esta forma.

Abraham Cañedo

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