miércoles, diciembre 8, 2021
Confinadas por Amor
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«Querida María: Confía en Mí»

“Hola Jesús:

Hoy vengo a comentarte una serie de cosas que me andan rondando por la cabeza desde hace un tiempo atrás.

No será nada nuevo para Ti, porque sé que lo sabes todo, pero también sé que te encanta que Te las cuente.

Me siento algo agobiada, estresada y desanimada.

Me duele, pero muchas veces no Te siento como antes. Y a la vez me siento muy culpable por ello. Tengo la certeza de que estás encajando las piezas de un puzzle casi inentendible a mis ojos, pero aún así, sigo sin verTe.

Perdona la insistencia.

Te quiero mucho.

Atte: María.”

“Querida María:

Confía en Mi.

Descansa.

Atte: Jesús”

Me llamo María, soy de Cádiz y tengo 18 años.

Aquello de allí arriba es una de las muchas conversaciones que he tenido con Jesús. Porque sí, podemos hablar con Jesús, Él nos escucha y prometo que está deseando que dejéis un rato el móvil para poder charlar tranquilamente. No es necesario recitar mil oraciones de memoria, Él está contento con que le contemos nuestro día, nuestras preocupaciones y también las alegrías.

Es cierto que debemos depositar en Él toda nuestra confianza, y pedirle, porque como bien dice: “Pedid y se os dará”. Pero al igual que a todos nos hace ilusión que un amigo comparta con nosotros una buena noticia, Él también espera ser cómplice de las tuyas.

Mi relación con Jesús siempre ha sido buena, o más bien cordial. Yo pedía y Él me concedía. A medida que fui madurando así lo hizo también mi fe, hasta llegar a un punto de emocionarme cuando rezaba. Pero como en el amor, todo tiene sus etapas, y pasé de un tremendo enamoramiento de Jesús a no sentir prácticamente nada. Me frustraba porque no se me removía nada al rezar y yo solamente quería sentir. A partir de aquí puse en práctica la VOLUNTAD y la PERSEVERANCIA. Pensé: “yo quiero tener un rato de oración, y lo voy a tener”. Me lo propuse un día, y otro, y otro.. y me di cuenta que no iba de sentir, iba de QUERER. Aquí quiero hacer mención al gran ejemplo de mis seres queridos, ellos sin saberlo me inspiraban y motivaban. Recomiendo de corazón rodearos de personas enamoradas de Jesús. Si no conocéis a nadie, enamoraos vosotros y Él hará el resto.

Ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de que Jesús no paraba de hablarme, solo que yo no lo entendía.

Jesús está en la cajera del supermercado que te mira sonriente, en un taxista simpático, en las palabras de apoyo de un amigo, en el examen que te han tocado las preguntas que te sabías y en la compañía de tu novio. Nos habla TODO el rato, solo hay que conocerlo y reconocerlo en cualquier parte.

Pero al igual que habla, también escucha. Es bueno que nos desahoguemos con Él, no importa si estás algo enfadado, es otra forma de rezar. Te está buscando. Incluso hasta cuando estamos callados nos escucha. Sabe de sobra lo que deseas, lo que quiere es que Se lo pidas.

No te sofoques si estás pasando por un mal momento, Él sufre contigo, al igual que lo hizo en El Calvario muriendo por ti y por mí. Todo sufrimiento tiene un propósito que será desvelado en el Cielo. Aquí en la tierra debemos buscarle un sentido a ese sufrimiento, te invito a reflexionar y a sincerarte con Jesús.

Aconsejo que después de esto habléis 5 minutos con Él, que le pidáis y Él actuará.

Y estos son algunos consejos para acordarnos de Jesús en cualquier momento del día:

  • Ofrecer el día al levantarse.
  • Al pasar por delante de una Virgen recitar: “Nadie pase por aquí sin saludar a María, y decirle con amor: no me olvides Madre Mía”. O también: “Hola María, saluda a Jesús de mi parte”.
  • Hacer algún sacrificio por algún amigo.
  • Acordarse de bendecir la mesa.
  • Dar las GRACIAS.
  • Aprender a pedir ayuda.
  • Saber pedir perdón y perdonar.
  • Tener siempre una sonrisa en la cara.

María López Torres.

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