lunes, octubre 25, 2021
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Remar mar adentro

«Ahora, así dice Yahveh tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel. «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.» (Is 43,1)

Así empieza todo camino de fe, y así fue como empezó el mío, con un fuerte sentido de pertenencia a Dios y con un llamado por mi nombre y no por mi pecado; descubrí que Él le dio un sentido real y pleno a mi vida. Es una gracia inmerecida el que a mí y a ti nos dé la oportunidad de confesar a Jesús como Señor de nuestra vida en el día a día.

Soy maestra de italiano por vocación y, por gracia de Dios, católica. A lo largo de mi vida de fe he tenido la bendición de colaborar en distintos servicios para el Señor, como la catequesis para niños, misiones de semana santa, temas para jóvenes, Liturgia y, eventualmente, por medio de la escritura. Además de los servicios, para mí, la fe es algo que se puede y se debe vivir en lo cotidiano, porque la fe no es una teoría, es una realidad que se tiene que vivir y actualizar en todo lo que hacemos. Por mi parte, procuro que mis pensamientos y acciones sean para el Señor, así me encuentre trabajando, conviviendo y, con mayor razón, sirviendo.

Puedo decir que la oración es fundamental y pilar de mi vida espiritual, no sólo las oraciones ya escritas, sino las oraciones espontáneas, aquellas que salen del corazón y que me hacen practicar la constancia. Al menos en la mañana y en la noche, la oración es como una rutina renovada para mí, que a veces va acompañada con el rezo de la liturgia de las Horas o alguna otra oración o novena. De igual modo, una de las cosas que no puede faltar en mi día es el rezo del Santo Rosario, porque María es esa Madre que me acompaña día a día y quien me ayuda a presentarme de un mejor modo ante Su Hijo. Creo firmemente que Jesús pensó en nosotros y nos representó en el apóstol Juan cuando, en la Cruz, se la dejó por madre. Sería imposible llevar mi vida de fe sin la intercesión y guía de Nuestra Madre. Por su parte, San José es también mi santo protector y padre espiritual, desde que me consagré a él he recibido muchas gracias que agradezco todos los días.

Hace unos años me hice el propósito de asistir a Misa entre semana, cosa que se ha convertido en hábito, porque doy testimonio de que la Eucaristía, aparte de alimentar nuestro espíritu, ayuda a vencer tentaciones y pecados frecuentes. Si tenemos al Señor todos los días en el Santo Sacramento, ¿por qué limitarse a ir sólo los domingos? Y aquí es cuando puedo mencionar que todas estas acciones a las cuáles nos llama el Señor, son una forma de remar mar adentro, porque por medio de todo esto el Señor nos fortalece y nos da la valentía de ir contracorriente, sobre todo en estos tiempos de confusión en los cuáles es indispensable que, como católicos, demos testimonio de nuestra fe, probablemente no haciendo cosas extraordinarias, sino haciendo de lo cotidiano algo extraordinario.

Creo y doy testimonio de que, si tenemos constancia en la vida espiritual y si procuramos aprender más de Jesús, lo amaremos más y entonces será inevitable compartir Su mensaje a los que nos rodean y buscaremos que Su Palabra tenga más alcance. Una vez que esto sucede, no hay marcha atrás, desparece el miedo, la vergüenza y el “qué dirán”, porque hoy la Iglesia necesita que todos sus miembros estén bien sujetos a Cristo y que busquemos la santidad. Iremos contracorriente en la medida en la que procuremos la oración, los sacramentos, el servicio y el aprendizaje continuo; ésto último es fundamental para no dejarnos confundir o contaminar por ideologías ajenas a la fe.

Que nuestra convicción se mantenga siempre firme para proclamar con nuestra vida que Jesús es el único Señor y dueño de la Vida.

Lizeth Garrido Sánchez

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