Escribe Enrique García-Máiquez, en el Diario de Cádiz, un artículo como rendido homenaje al profesor D. José María Gallardo, recientemente fallecido, del colegio Guadalete, «que era el suyo, fue el mío y es el de mi hijo».

Comienza contando una anécdota de su hijo a propósito de unos deberes que les había puesto el profesor a toda la clase: decir a sus padres que querían estudiar filosofía. «Su objetivo era hacer ver a los niños que muchas veces nos movemos por utilitarismo, y que no tenemos en cuenta ni nuestra vocación ni la libertad de elección de los demás».

Él predicaba con el ejemplo y nunca interfería en la vocación de sus alumnos. Cuando los «militronchos», como él llamaba a los que elegían la carrera militar, se han enterado en la Escuela Naval de su muerte, han organizado, conmovidos, una misa.

«Hay cientos de historias de cariño más, pero ésta vale como botón de muestra de su enorme respeto a las vocaciones de cada cual, y de su fidelidad a la suya de numerario del Opus Dei, de profesor y de filósofo. Ha dejado el ejemplo de su amor a la libertad, de su fidelidad y de su alegría, ya colmadas».

Te recomiendo que leas el artículo completo en el Diario de Cádiz

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