Ayer celebramos la exaltación de la Cruz y automáticamente me vino a la cabeza una Semana Santa de hace algunos años.

Me acuerdo que fueron días de mucha oración y al estar rezando frente al Sagrario el Jueves Santo, sintiéndome muy amada, le decía a Jesús que quería cargar la Cruz por más pesada que fuese. Quería devolverle un poco de todo lo que me daba ayudándolo. No me importaba cuánto me costara.

Otra vez no entendía nada.

No hace falta que les cuente que después de eso vinieron tiempos más difíciles en donde me experimenté totalmente débil y limitada. También sola. Porque la Cruz es eso: humillación, soledad, muerte. ¿Qué quería probar?

Me sentía como Pedro, buscando todo el tiempo demostrar a Jesús su valentía y su fuerza.

Pero el problema era que Jesús no me pedía llevar la Cruz sola. No, porque sabe lo que es hacerlo. Me invita a ir juntos, regalándome libertad para elegir el dejarme acompañar.

Si hay algo que podemos afirmar es que toda vida tiene momentos de mucha alegría, pero también de dolor. Es innegociable, no lo podemos cambiar.

Sin embargo, lo que sí podemos hacer es elegir: ¿queremos transitarlo solos o vamos con quien hace la carga ligera?

¡Abrazo grande!

@cata.felli

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