Ayer vino una chica de 2º de Bachillerato, después de las vacaciones estivales, a Capellanía del Colegio. Estaba sonriente: Mire, me dijo, estoy super contenta porque este verano he estado en un campo de trabajo y me siento super bien.

Como no puede ser de otro modo la felicité, pero le pregunté ¿Te has alegrado por ti o por haber ayudado a los demás? En esos momentos se quedó petrificada porque no sabía que responder.

Muchas veces no valoramos las acciones que realizamos por el simple hecho de hacerlas. Pensamos que si no producen una emoción o un sentimiento tienen poco o nulo valor y no es así. El hecho de haber estado ayudando a gente que te necesita es, en sí mismo, una acción buena y, por eso, debes alegrarte de haberla realizado.

El gran padre del empirismo, Hume, decía que el criterio de conducta es el sentimiento personal: es malo lo que me desagrada y bueno lo que a mí me agrada y, pienso que en esto se equivocaba. Hay hechos como las horas de un marido al pie de la cama de su mujer que, si le acompaña el sentimiento o no, es realmente una acción heroica.

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