sábado, septiembre 25, 2021
Confinadas por Amor
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«Dios tenía algo mejor para mí»

Qué bonito es escuchar que Dios me está mimando, y qué bonito que el mundo lo vea. Que el mundo lo oiga para que puedan sentir algo tan inmenso como esto que yo vivo.

Sin embargo, esto no formaba parte del guion que inicialmente mi porción del mundo esperaba —aunque por suerte Dios sabía que yo era para Él, y tenía algo mejor para mí—. Nací y me crie en una familia atea bastante crítica con la religión y, pese a ello, he recibido los primeros sacramentos, formé parte de un grupo scout católico y no renuncié ni un solo minuto a mis catequesis.

El 22 de marzo del año pasado iba a recibir los dones del Espíritu Santo por obligación, pues yo, por mi purismo personal, trato de sentirme lo suficientemente segura, preparada y “perfecta” para el porvenir de las cosas y ese no era mi momento. Y así lo confirmó el Señor cuando se canceló por la pandemia. Finalmente, he tenido la suerte de haber recibido este sacramento de la Confirmación en el momento indicado, con las personas indicadas y en el lugar perfecto.

De hecho, creo que es uno de los momentos más decisivos en mi vida. Ya no solo por ver cómo los testimonios de mis amigos eran que habían visto cómo el Espíritu Santo bajaba a tocarme de verdad y por su emoción, sino porque un tiempo antes había comenzado a bloquearme: quise dejar la carrera, huir de Dios —con quien me enfadé por permitir que la persona más importante de mi primer año de universidad ingresara en un convento de clausura— y alejarme de todo aquello que me hiciera sentir, pero nunca me soltó de la mano y… llegué a la Confirmación enamorada, amándolo.

Ya, con el tiempo, prometí ofrecerme constantemente a Él. “No hay lugar más alto que estar a sus pies”, así lo creo. Este último verano, además, continuando esta línea temporal, he recibido grandes estímulos de diversa índole.

Le escribí a mi director espiritual que, durante la excavación en el yacimiento arqueológico de Los Bañales —provincia de Uncastillo—, tuve una de las experiencias más bonitas que he vivido nunca: Todo ocurrió en el Pilar después de una misa. Me encontraba flotando, como si nadie fuera capaz de tocarme y, de pronto, me topé con una estatua de Cristo clavado en la cruz. Me quedé de piedra, cautivada. Enamorada. No podía parar de sentir el amor más puro que había vivido nunca, y por fin comprendí que esto era lo que Dios había estado buscando para mí.

Desde ese momento, y con muchas horas de meditación y reflexión, he sido un poco más consciente de la frase que un amigo me comentó hace muy poco: “es como si hubieras vivido eternamente en una burbuja, a pesar de todo lo que te ha rodeado. Dios no ha sabido dejarte”. Y no lo ha hecho: hoy día creo sentirme capaz de renunciar a todo salvo a Él.

Tengo la conciencia plena de que soy una afortunada por ver que yo tengo algo que los demás siguen buscando y que anhelan. Me ha encontrado y me ha regalado esta fe que me llena: ahora soy valiente y feliz, ahora amo. Ahora soy quien quiero ser. Y es que Dios no merece la pena, ¡vale la vida! Y a mí me lo ha dado todo.

Izaro Díaz Manso

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