La mañana del 11 de septiembre de 2001 comenzó como cualquier otra para el padre Kevin Smith. Como capellán de bomberos, se disponía a celebrar su misa de cada mañana cuando tuvo lugar el gravísimo atentado en las Torres Gemelas en Nueva York.

Religión en Libertad ha recogido su testimonio. El sacerdote se dirigió de inmediato a la zona de impacto. La imagen fue devastadora. Una ingente nube de humo se cernía sobre una población desorientada, con escombros saltando en todas direcciones mientras los vehículos de bomberos ardían e implosionaban.

El padre Kevin escuchó en confesión a muchos de los bomberos y personal de los servicios de emergencias. “conocía a muchos de los fallecidos”. Entre ellos, no solo se encontraban bomberos. También era amigo de muchos trabajadores de las propias torres. Luego supo que conocía a 60 de los fallecidos.

Aquellos días, el capellán valoró especialmente su vocación. “Mucha gente agradecía que fuera sacerdote. Muchos decían: ‘Padre, gracias a Dios que está aquí, con nosotros’. Me sentí necesitado”, aprecia.

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