Espléndida novela psicológica sobre la familia y el regreso al hogar. Ambientada en el año 2010 en el ámbito rural, la trama se desarrolla en Cruces, un pequeño pueblo situado muy cerca de Toledo. Juan Álvarez (de unos 33 años), ingeniero forestal, trabaja en Escocia en el Real Jardín Botánico de Edimburgo, ya lleva cuatro años fuera de casa. Mientras su padre agoniza de un cáncer de pulmón en el hospital de Toledo, él asiste a un curso sobre rododendros impartido por una eminencia de Nueva Zelanda. Cuando finalmente aterriza en España, su padre ha fallecido. Ha sido su hermana mayor Isabel, que vive en Barcelona, casada y con dos hijos, quien ha acompañado a su padre y a su madre en esos duros momentos. La madre, ya mayor, ha comenzado a mostrar claramente los primeros síntomas de alzhéimer: una enfermedad que se irá manifestando a pasos agigantados.

Para contar esta historia familiar, el autor ha elegido una tercera persona narrativa pero enfocada siempre desde la perspectiva de uno de los personajes (la madre, la hermana), especialmente desde el punto de vista de Juan. Cuando vuelve a casa, tras varios años de ausencia, la realidad presente y pasada invade todos sus sentidos: el olor de las plantas del patio, el interior de la casa con sabor a leña, naftalina, matanza y jabón casero, “un olor al tiempo anodino y único”. La descripción minuciosa del universo privado rememora los años de su infancia y de su juventud, y nos recuerda a los lectores nuestro propio pasado, vivencias y emociones con las que podemos sentirnos identificados. El estilo indirecto libre y la fluidez de los diálogos le dan al texto agilidad y cercanía, sin empalagos, para seguir el hilo de los pensamientos de los personajes (un poco, nosotros mismos). Ellos nos hablan de la muerte como detonante que convulsiona la vida (igual que en Feria de Ana Iris Simón), de la enfermedad y el cuidado de los padres, de la responsabilidad y el sacrificio, de los amigos de siempre.  Con todo ello, afirma el autor, ha construido una “novela honesta, una novela heroica dentro de lo doméstico”.

Con su primera obra Intemperie, ambientada en la España rural, Jesús Carrasco consiguió en 2013 el premio al Libro del Año en España. Con ella, algunos críticos han intuido el inicio de una nueva tendencia literaria que podría denominarse el “neorruralismo”: contenidos y planteamientos que traen a la memoria los relatos de los años cincuenta de Cela, Azorín, Aldecoa y, sobre todo, la ternura y la mirada amable de Delibes. Un espacio rural, un territorio que el autor domina porque recrea su propia experiencia, para recoger sentimientos, emociones y afectos:  «De todas las responsabilidades que asume el ser humano, la de tener hijos es, probablemente, la mayor y más decisiva. Darle a alguien la vida y hacer que esta prospere es algo que involucra al ser humano en su totalidad. En cambio, rara vez se habla de la responsabilidad de ser hijos. Llévame a casa trata de esa responsabilidad y de las consecuencias de asumirla», Jesús Carrasco.

Reseña de Ana María Díaz Barranco para Club del lector

Artículo anteriorAnte la muerte de un hijo, la fe es mi mayor consejo y consuelo. Santi Cañizares
Artículo siguienteUn sacerdote en el atentado del 11-S