«Vivimos en una sociedad cada vez más individualista, en la que se piensa que cada uno debe realizarse y ser feliz solo. Sin darnos cuenta, podemos contagiarnos de esa mentalidad y olvidar que en el matrimonio ya no somos dos sino uno, y que todo lo que es bueno para uno de los dos es bueno para los dos». Así comienza Gabri su testimonio que ha escrito para la Diócesis de Málaga.

A su marido, Diego, le surgió la oportunidad de prosperar en su carrera profesional pero en otra ciudad. Lo sopesaron juntos, con el Señor, y decidieron que aceptarlo aunque tendría que pasar algunos días a la semana fuera de casa. Para Gabri no iba a ser fácil porque tendría que llevar sola todo el peso del hogar.

«Pero la experiencia no consistía solo en animarle a hacer algo que le suponía gran progreso profesional. La experiencia continuaba cada día cuando le llamaba intentando no quejarme de que había tenido que estar toda la tarde estudiando con la pequeña, (algo que tradicionalmente hacía él), o que no había parado en todo el día… Continuaba cuando me ponía contenta con todos sus logros y experiencias gratificantes en su nuevo trabajo, o cuando intentaba compartir sus dificultades (sin decir, por ejemplo: no te quejes, que tú te lo has buscado). No siempre lo conseguía, pero lo intentaba»

Pasado un tiempo decidieron trasladarse toda la familia con el consiguiente sacrificio para todos. «Nuestros hijos han ampliado sus horizontes y a nosotros nos ha hecho madurar en nuestra relación».

Puedes leer este testimonio completo en la Diócesis de Málaga

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