Paseando por la Revista Misión descubro un artículo muy interesante de Enrique García-Maíquez.

Seguro que has oído muchas veces decir: «Yo voy Misa cuando me lo pide el cuerpo». El autor explica que él va a Misa todos los días aunque haya algunos en los que el cuerpo no se lo pida.

«Hubo un momento de mi vida en que me comprometí a hacerlo con toda seriedad y claridad, de modo que ahora mi cuerpo, que es un caballero, cumple mis compromisos».  «Yo no voy a misa cuando me lo pide el cuerpo, sino que le pido al cuerpo que sea tan considerado de llevarme a misa, por favor. Como es un encanto y muy servicial, él me hace el favor».

Concluye su artículo con la siguiente aclaración: «Lo que no le había dicho al cuerpo hasta ahora, y aprovecho la ocasión, es que su presencia en misa no es de ningún modo instrumental. No es un mero portador. En el sacramento del Cuerpo de Cristo, el de los cristianos tiene mucho que decir o, mejor dicho, que asistir. Por eso importa pedirle que acuda con las mejores disposiciones y cuide mucho sus gestos y su compostura. Él, que se pensaba apenas materia maleable y, ay, perecedera, se cruza, cada día si es posible, con la eternidad y la recibe y hasta la encarna»

Puedes leer este artículo completo en la Revista Misión.

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