jueves, octubre 21, 2021
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Bruno y César, dos seminaristas brasileños en Pamplona

Bruno Correa de Almeida y Cesar Gomes Agostinho Junior, son dos seminaristas brasileños que acaban de terminar sus estudios de Teología en el Seminario Internacional de Bidasoa (Pamplona). Regresan a sus países cargados de ilusión y agradecimiento. Ellos fueron dos de los 17 seminaristas que recibieron los estuches de vasos sagrados que entrega el Patronato de CARF Fundación para que puedan celebrar la santa Misa en lugares recónditos.

Bruno descubrió la vida de oración gracias a la Renovación Carismática. En 2013, durante la JMJ, dejó la carrera para entrar en el seminario. “Descubrí mi vocación cuando me puse en contacto con el Señor, en la intimidad con Él. Fue en la universidad. Por las mañanas iba a misa diaria y tomé en serio la dirección espiritual y confesión». Finalmente fue al seminario de Río de Janeiro, concluyendo su formación en CARF.

César de 28 años procede de una familia católica. “Mi familia es sencilla, pero nos ha enseñado el mayor valor que unos padres pueden dar: el amor. Mi padre y mi madre son un ejemplo, no tengo duda de la santidad de mi padre”, explica. Quería ser futbolista hasta que hizo un retiro espiritual. “Comencé a hacer oración y frecuentar los sacramentos. La alegría que antes tenía en la cancha la descubrí ahora con los sacramentos y ayudando a los demás en la Iglesia.»

Para que los jóvenes se acerquen a Dios, Bruno les diría que  «la mejor opción para nuestra vida es hacer la voluntad de Dios. Dios pensó en nosotros para algo. El acercamiento a Dios es dejar que Él entre en nuestra vida. Él ha puesto un deseo de Él en nuestra vida y, por eso, nos falta algo si no estamos con Dios. El ha venido para darnos la vida en abundancia. Tener a Dios en nuestra vida, es tener todo, aunque la salud y el dinero puedan faltar”.

César cree que «vivimos una crisis de generosidad y los jóvenes tenemos miedo de decir Sí al Señor, sí a su voluntad y a su querer. Yo tuve miedo de decir Sí a Dios, solo quería jugar al futbol. Pero cuando le dije que Sí, me dio un gozo que no se termina. Entregar la vida a Dios es un gozo, es ganar la vida, es tenerlo todo».

Te recomiendo que leas este testimonio completo en Fundación CARF

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