Gianluca Firetti, que falleció en 2015 con 20 años de edad, va camino a los altares, entre otras muchas cosas, por cómo aceptó su enfermedad y la aprovechó como un medio de unirse más a Dios y de evangelizar.

El Padre Jesús Silva se ha hecho eco de este gran testimonio. Muy joven sufrió el zarpazo de la enfermedad, le diagnosticaron un osteosarcoma. «Contagió a todos con su enfermedad más grave: el amor. Su acogida parecía predicar una confianza de la vida – la suya – que, ya tan frágil, se dirigía – y él lo sabía bien – hacia un fin inexorable. Pero era como si el ocaso tuviera que transformarse en un nuevo amanecer.»

“Padre, estoy muriendo. ¿Qué me espera? ¿Cuál será mi recompensa? ¿Jesús me está esperando?” Transcribe de la biografía que sobre él ha escrito D. Marco D’Agostino, sacerdote que le acompañó en su enfermedad.

«Gian no murió desesperado, sino confiado. No se fue dando un portazo, sino caminando. No cerró la existencia maldiciendo una oscuridad que no se merecía, sino deseando un encuentro con la Luz del mundo».

«Gian creció e hizo crecer. Tenía fe y la hizo volver en los demás. La de Gian, humanamente, es una historia de dolor. Evangélicamente, una historia de gracia y de belleza. Con sólo veinte años, ha demostrado que se puede estar habitado por Dios y por los hombres».

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