Novela noruega sobre las relaciones familiares y sociales en este país nórdico a principios del siglo XX. Ambientada en la ciudad de Bergen, en los comienzos de la Primera Guerra Mundial, la trama se centra en la figura de la protagonista, la pequeña Herdis, rebelde, inquieta, incomprendida, cercana a la adolescencia, que contempla cómo su apacible vida se desmorona con el divorcio de sus padres y el inicio de la guerra y sus terribles consecuencias. Así, aunque el relato está narrado en tercera persona omnisciente, la acción está siempre focalizada a través de la perspectiva de la niña que no comprende ni la ruptura familiar ni los cambios sociales y políticos que se ciernen sobre el país. Con una gran profundidad psicológica, la narración refleja con rigor la inquietud y la angustia personal de la protagonista que están marcando el final de su infancia y el comienzo de un difícil momento histórico. Las ideas políticas y la guerra pondrán a prueba las creencias y las relaciones familiares imperantes hasta ese momento.

Pero además, como afirma el editor, esta novela está poblada de personajes inolvidables, retratados de forma magistral, que es una de las características sobresalientes de la autora. Presentados siempre con un toque de humor, la escritora consigue que nos parezcan  vivos y entrañables: la carismática abuela paterna Hauge, la encantadora tía Rakel, el impositivo abuelo materno, o Elias Rachlev, el amante padrastro de Herdis, que la hace reír y le dedica todo el tiempo que la niña necesita. “Todos ellos trascienden la esfera íntima de la pequeña, y componen un retrato coral único de la sociedad noruega de principios de siglo”.

La autora, Torborg Nedreaas, fue considerada a menudo como “la Simone de Beauvoir noruega”, aunque reconocida como una novelista de mayor altura literaria: tanto por la profundidad de sus análisis psicológicos como por la gran calidad de su prosa. Así en esta obra, destaca su visión y descripción de la naturaleza, llena de imágenes poéticas: el uso de los colores, la gama y variedad de tonos en la adjetivación que embellecen el paisaje; y sobre todo la música en los arroyos, en el agua, en el pozo, un bello tarareo que solo Herdis podía escuchar como una dulce fragancia o un tenue tono nostálgico: canciones que impregnan la realidad y una música interior que la hace vibrar, porque no hay que olvidar que la autora era profesora de música antes de escritora.

Reseña de Ana María Díaz Barranco para Club del lector

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