domingo, octubre 17, 2021
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Ser capellán

“Muy gustosamente gastaré y desgastaré mi vida por vosotros”

Este fue el lema que escogí por motivo de mi ordenación sacerdotal. Llevo ordenado dos meses de sacerdote…. Y este lema va cobrando vida….

Como he dicho, me ordené de sacerdote el pasado 26 de Junio en la Catedral de Cuenca. Desde entonces mi día a día es una continua acción de gracias. El Señor derrama su amor día tras día.

He podido y estoy experimentando lo bello y hermoso que es ser sacerdote. Para mí es uno de los regalos más grandes que me ha dado Dios… la vocación al sacerdocio. Todavía estoy en una nube desde la ordenación sacerdotal… después de todos estos años pasados en el seminario, por fin llegó ese día en el que uno se entrega a Dios y pasa a ser sacerdote eterno. Todavía me emociono cuando pienso en ese día… un sueño cumplido.

Un sueño cumplido rodeado de toda la gente que me quiere…. Mi familia, mis amigos, compañeros seminaristas, sacerdotes y todo mi pueblo, Villanueva de la Jara. Desde aquí les vuelvo a dar las gracias por tanto cariño recibido.

Y en estos pocos meses que llevo de sacerdote estoy vivenciando en primera persona el amor de Dios en mayúsculas. Y me gustaría poder transmitiros mi felicidad, la felicidad de entregar mi vida a Dios y a la Iglesia. ¡No os lo podéis imaginar! El Señor te da 100 veces más.

Desde aquí os digo: si estas en un momento de “bajón” de “desconexión” fija tu mirada en Cristo, fija tu mirada en la Iglesia…. Y descubrirás lo maravilloso que es sentirte iglesia, es decir, ser de la Iglesia, ser de Dios… ser amor.

Como estaba diciendo, estos meses son un regalo y un no poder dejar de sorprenderme… he podido desempeñar mi ministerio en mi pueblo, con mi gente, con mis carmelitas de Villanueva de la Jara. También por todas las parroquias en las que he pasado como seminarista, como diacono y puedo decir que tengo el corazón muy ensanchado.

Entre todo esto he de destacar mi primer destino como sacerdote. Ha sido ser capellán en el Hospital. Una experiencia dura… pero sin lugar a dudas, hermosa, bella, gratificante….

Estar en el hospital te ayuda a entrar por completo en el misterio más grande de amor… el amor de Dios. Es verdad que algunas veces no comprendes muchas cosas, pero te das cuenta de una cosa: Dios siempre está presente, nunca nos abandona.

Ser capellán de hospital te hace descubrir que el hospital, es un camino, en el que ayudas a la gente a caminar en la fe. El hospital te hace ver que te conviertes en total responsable de esas almas, te hace ver que tienes que hacer presente a Cristo en tu persona, en tu forma de ser, en tu forma de hablar, en tu forma de acompañar en el sufrimiento.

Cada cama se convierte en una cruz….y tú tienes que ayudarles con esa cruz…. Acompañando a esas cruces ves a los acompañantes, los cuales son cirineos que ayudan a llevar la Cruz… y ahí estas tú en medio de ellos… dónde ves que Cristo es el verdadero médico, es el curador… es el sanador.

Y es entonces cuando acogí este salmo: “Dios está siempre con nosotros, incluso en momentos de dolor y de incertidumbre”

He podido preparar a mucha gente a partir de este mundo, a través de la confesión, a través de la unción de enfermos…. Y es entonces, donde tocas la carne del sufriente y te das cuenta de lo bello que es estar al lado de los que sufren… es ahí cuando te impregnas por completo del olor a Cristo, debajo de las mascarillas, debajo de la bata…. Tu corazón palpita al son del de Cristo…

En este tiempo de hospital hemos despedido a mucha gente… y entonces cuando después de haberles estado acompañando en su sufrimiento al enfermo y a los familiares, te das cuenta que ser sacerdote es maravilloso, porque ven en ti a Cristo, ven en ti a un amigo, a un confidente.

En el hospital celebraba la Eucaristía por todos los enfermos y difuntos del hospital, lo cual es muy bonito porque después de ahí participan muchos enfermos… y es muy bello el llevarles a Cristo sacramentado a las habitaciones, ves sus caras, sus lágrimas por recibir a Cristo… es uno de los momentos más emotivos… personas que reciben a Cristo en su corazón con fervor, con amor.

También es muy enriquecedor el tratar con todo el personal sanitario, intercambiar conversaciones y hacerles ver que Cristo está vivo. Es muy gratificante el ver que después de toda esta pandemia el personal sanitario te abre su corazón y como Cristo escuchas sus sufrimientos… y los alientas a fortalecerse, los animas…

Sin lugar a dudas, he podido ver y sentir que el hospital es el corazón de Cristo.

Doy gracias a Dios por esta experiencia de amor, por todos los enfermos y familiares que he conocido y he ayudado, por todo el personal sanitario, por los compañeros sacerdotes capellanes del hospital y por todo el que de una forma u otra se ha encontrado con Cristo.

Ahora empiezo otra etapa; como párroco de cuatro pueblecitos. Etapa que empiezo con muchas ganas de trabajar, ilusión, entusiasmo, alegría…. sobre todo, con ganas de hacer presente a Cristo a todos ellos.

Espero y confío en gastarme y desgastarme por cada persona que se me encomiende.

Ser sacerdote es la mejor aventura de amor.

¡Vive tu fe, vive el amor de Dios!

¡Dios os bendiga a todos!

FIDEL GÓMEZ LEAL (Sacerdote de la Diócesis de Cuenca)

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