¡Buenas, buenas! Hoy vuelvo a pasar por acá con una reflexión más corta, pero que está resonando bastante en mi corazón.

El otro día antes de empezar a dar clase, aproveché un rato para ir a la capilla a rezar. Mientras hablaba con Jesús empecé a reprocharme a mí misma un poco frustrada. ¡Si tuviese más conciencia de tu Presencia Real en la Eucaristía no me despegaría nunca del Sagrario! No me perdería pasar a saludarte o a contarte qué tal mi día cada vez que pudiera.

El regalo más grande de todos, la promesa realizada: “Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”. Y todavía me cuesta entenderlo.

Durante varios días seguí así…y me volví a enojar con este pensamiento. ¡Cuánto más me falta comprender que no solo te encuentro en la Eucaristía!

Si tuviese más conciencia de tu presencia en cada persona, en cada hermano, no me perdería escuchar cada buen día en las mañanas, sostener la mirada de quienes me encuentro de camino a mi trabajo, regalar una palabra que acompañe cuando se me pide, abrazar las fragilidades del otro.

Porque ahí estás, Vivo. Así me buscás y así me llamás para dar respuesta.

¡Si tuviese más conciencia entendería cuánto me falta amar y saberme Amada!

@cata.felli

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